
Mientras el mundo observaba la operación estadounidense en Venezuela y cómo la guerra con Irán se hacía inevitable, en Washington se iba fraguando una batalla que advertía que el futuro profetizado durante siglos ya es presente.
Por Dalia Ventura | BBC Mundo
Una empresa de Inteligencia Artificial (IA) de Silicon Valley le dijo no al Pentágono y este la trató como si fuera enemiga del Estado. No obstante, su tecnología de IA seguía siendo usada, porque el ejército de EEUU no podía darse el lujo de prescindir de ella.
Eso es lo que pasó entre Anthropic y el Departamento de Defensa en las últimas semanas. Y aunque suena a disputa corporativa, es mucho más que eso.
Es la primera vez que una empresa de IA enfrenta a un aparato militar, negándose a eliminar los límites éticos de su tecnología.
El enfrentamiento dejó preguntas en el aire que nos atañen a todos: ¿Hasta dónde ya estamos delegando decisiones irreversibles y letales en las máquinas? ¿Quién decide cómo se usa la IA?
No son preguntas retóricas. Expertos de de la Universidad de Oxford advierten que este episodio «revela brechas de gobernanza de larga data en la integración de la IA en operaciones militares, brechas que preceden a esta administración y sobrevivirán a la controversia actual».
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