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miércoles 18 de marzo 2026
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Ángel MontielOpinión

Ángel Montiel: Precios por las nubes, sueldos por el suelo

La inflación destruye el sueldo y los precios suben sin descanso, por lo que el venezolano se empobrece cada día. El salario sigue congelado mientras las familias sufren una crisis alimentaria grave. Ante este escenario, el país necesita soluciones económicas urgentes para frenar el deterioro progresivo. 

El Banco Central admite una inflación crítica con un aumento del 51,9 por ciento en el costo de la vida durante este año 2026. Los alimentos suben de precio a diario, una situación que elimina la estabilidad familiar y arrebata al ciudadano  su capacidad de planificación. El dinero pierde su valor a pocas horas, los mercados muestran etiquetas de precios nuevos constantemente y la brecha económica crece sin detenerse mientras el hambre golpea la puerta de los hogares. 

El economista Asdrúbal Oliveros director de Ecoanalítica y  consultor de organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo, advierte sobre una brecha peligrosa porque el consumo interno cae ante la falta de dinero. El comercio siente la falta de compradores reales porque el bajo poder adquisitivo paraliza las ventas. 

El Fondo Monetario Internacional estima que Venezuela cerrará el año con una inflación de 682 por ciento, la cifra más alta del planeta. La canasta básica cuesta 600 dólares, pero el sueldo mínimo no alcanza para cubrir las necesidades básicas. Los trabajadores reciben bonos insuficientes que generan pobreza extrema en todo el país. Un obrero requiere muchos salarios para comer un solo día, convirtiendo la proteína en un lujo inalcanzable. La desnutrición amenaza a los sectores más vulnerables mientras los padres de familia saltan comidas habitualmente. 

En este escenario de asfixia, los sectores sindicales del país han manifestado un rechazo categórico a la política de ajustes basada únicamente en bonos. Los sindicatos exigen un aumento salarial real y anclado a la realidad económica del país, denunciando que el sistema de bonificaciones no sustituye el salario y destruye el patrimonio del trabajador. 

Esta crisis ha desmantelado sistemáticamente la seguridad social, condenando a los jubilados a vivir en una indigencia total. La sociedad es testigo de cómo la vejez, que debe ser una etapa de descanso y dignidad, se hunde en una carencia absoluta mientras el Estado ignora décadas de trabajo. Para este sector, la devaluación no es solo un dato estadístico, sino una sentencia, el bolívar pierde terreno frente al dólar de manera acelerada, evaporando las pensiones antes de que puedan ser cobradas.  

El sistema de bonos discrecionales que aplica el gobierno no sustituye el salario legal ni compensa la pérdida de beneficios contractuales. Al eliminar el valor real del sueldo, el trabajador pierde sus prestaciones sociales, sus vacaciones y los sobretiempos carecen de peso adquisitivo, dejando al jubilado sin un colchón financiero para enfrentar enfermedades o emergencias. Hoy, el adulto mayor depende de la caridad o de remesas inciertas, pues su pensión no cubre ni siquiera un día de alimentación básica.

Esta realidad se agrava con el aumento de los servicios básicos y el transporte público que consumen el escaso ingreso disponible de quienes ya no tienen capacidad de reinsertarse en el mercado laboral. La crisis borró hace tiempo a la clase media del mapa social, dejando a los ancianos en una precariedad económica devastadora. Además, el sistema bancario les niega el crédito, cerrando cualquier puerta al emprendimiento real y efectivo o a la supervivencia mínima.  

El gobierno debe priorizar la alimentación de los ciudadanos y frenar la devaluación monetaria de inmediato. La paz social exige soluciones reales y rápidas. Las promesas vacías no llenan el estómago y el hambre constituye un problema a gran escala. Venezuela requiere de una revisión profunda donde el Ejecutivo apoye la producción nacional de forma honesta. 

La justicia social empieza con un sueldo digno pues el trabajo debe dignificar a la persona siempre. Recuperar el salario permite la reconstrucción del país, entendiendo que un pueblo con hambre no construye futuro. El ciudadano común exige respuestas inmediatas porque la familia venezolana agotó, finalmente, su tiempo de espera. Si la inflación destruye el sueldo y los precios suben sin descanso, la respuesta del Estado debe ser igual de veloz. Porque si la inflación destruye el sueldo y los precios suben sin descanso, la miseria se vuelve el único destino. 

@angelmontielp 

angelmontielp@gmail.com 

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