
La Fuerza Aérea de Israel asegura haber destruido el avión oficial del líder supremo de Irán, un Airbus A340-300 que se encontraba estacionado en el aeropuerto internacional de Mehrabad, en Teherán. El ataque habría tenido lugar el 16 de marzo de 2026, aunque la destrucción del aparato no ha sido confirmada por fuentes independientes hasta la fecha.
Por larazon.es
La aeronave, conocida de forma coloquial como «Iran Force One», era el mayor aparato de la flota gubernamental iraní y el único con capacidad para cubrir rutas intercontinentales. Con matrícula civil EP-IGA, operaba bajo el control de la Fuerza Aérea de la República Islámica pese a mantener una librea comercial, un detalle que reflejaba la opacidad con la que Teherán gestionaba sus activos aéreos de Estado.
Más allá del daño material, la destrucción —si llega a confirmarse— conlleva una carga simbólica de primer orden. Un avión de largo alcance al servicio de la cúpula de un Estado no es un simple medio de transporte: es una herramienta de proyección diplomática y, en el caso iraní, también de logística militar. Perderlo limita la capacidad del régimen para coordinar acciones con sus aliados regionales y mantener relaciones con terceros países.
De aerolínea comercial a activo de Estado
El Airbus A340-300 con matrícula EP-IGA acumulaba una vida operativa larga y accidentada antes de acabar al servicio del régimen iraní. Según publica The War Zone, fue entregado por primera vez a Air Canada en 1999 y pasó después por varias aerolíneas: Air Jamaica, Turkish Airlines, AirBlue y Asian Express. En 2015, la aeronave pertenecía a Meraj Airlines, una compañía con base en Teherán que la cedió al Gobierno.
Hacia 2018, el aparato quedó registrado como propiedad directa del Estado iraní y operado por la Fuerza Aérea, aunque conservó su matrícula civil. Esa dualidad le permitía moverse por rutas internacionales sin levantar las mismas alarmas que generaría un avión con insignias militares. En 2024, trasladó al presidente Masoud Pezeshkian a la Asamblea General de Naciones Unidas, en un periodo de creciente tensión regional que ya apuntaba al conflicto abierto.
En junio de 2025, el A340 realizó un vuelo poco habitual a Mascate, en Omán, junto a dos Airbus A321. No se conoce con certeza el motivo: pudo tratarse de una evacuación de altos cargos, de un intento de negociación para frenar las hostilidades o de una maniobra para proteger la aeronave de los ataques sobre Teherán. El avión regresó después a la capital iraní.
Mehrabad, un aeródromo bajo fuego constante

El aeropuerto de Mehrabad ha sido uno de los objetivos más castigados por la campaña aérea conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán. Situado dentro del perímetro urbano de Teherán, funciona como terminal civil y como base de operaciones de la Fuerza Aérea iraní, lo que lo convierte en un blanco de alto valor.
Antes del A340, las fuerzas aliadas ya habían destruido el KC-747, un avión cisterna único en el mundo operado por la Fuerza Aérea iraní. Se trataba de un Boeing 747 reconvertido para el reabastecimiento en vuelo, un activo sin reemplazo posible cuya pérdida dejó a Irán sin capacidad de extender el alcance de sus cazas de combate mediante repostaje aéreo. Junto al A340, la flota gubernamental incluía al menos un Airbus A321-200 y dos BAe Avro RJ85 regionales, cuyo estado tras los bombardeos se desconoce.
Para Israel, la lógica detrás de estas operaciones contra la aviación iraní va más allá de la destrucción de material. En un comunicado publicado en redes sociales, la Fuerza Aérea israelí aseguró que eliminar el A340 «deteriora la capacidad de coordinación entre la cúpula del régimen y los países del Eje». Cada avión de transporte destruido complica el envío de material a las milicias del régimen y dificulta los desplazamientos de mandos militares que hasta ahora viajaban con relativa discreción gracias a la matrícula civil del aparato.
La destrucción declarada del «Iran Force One» se inscribe dentro de una ofensiva que arrancó el 28 de febrero de 2026 y que ha ido desmantelando la infraestructura militar iraní pieza a pieza. Queda por ver si las imágenes de satélite confirmarán lo que Tel Aviv sostiene, pero el mensaje ya está lanzado: ningún activo del régimen, por simbólico que sea, está fuera de alcance.
