Excelente resultaría que finalmente se dé inicio a la transición universitaria también. Esto aprovechando la buena disposición enunciada por la nueva ministra Ana María Sanjuán, la que damos por valedera, con buena fe.
Las universidades deben señalar y dar comienzo al camino de la transición, con ejemplos claros, como les corresponde. Con elecciones rectorales y de todos los gremios y sindicatos, con reinstitucionalización que les permita agarrar nuevos bríos hacia el futuro y salir del marasmo en que han estado sumidas, debido a las conveniencias del poder. La Universidad Central de Venezuela ha tenido algunos buenos atisbos al respecto: elecciones rectorales y de sus gremios; pero falta más autonomía, más libertad, más presupuesto, mejores sueldos, que permitan una independencia individual y colectiva más amplia para la realización plena de sus fines. La Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios debe retomar de inmediato el camino electoral que dé respiro, si no quiere terminar de morir en el letargo interesado.
Y así debe ser en todas las universidades autónomas, las del Estado, todas, incluyendo las intervenidas y aquellas que nunca supieron lo que es opinar para seleccionar a quienes las dirigen, u opinar siquiera. ¿Es eso una universidad? Ni de nombre.
En la USB se requiere una acción más urgente, debido a la tara mayúscula que ha significado la designación de autoridades interinas. La transición en nuestra universidad debe ser doble, con doble inicio. En principio se debe remover a los designados que carecen no solo de legitimidad si no de autoridad y de respeto que no se han sabido ganar en cinco largos, tortuosos años, al despreciar olímpicamente a toda la comunidad y más: degradar la institución, ofender, agredir, dar portazos, sacar miembros electos con la seguridad de la institución, perseguir a profesores y estudiantes y trabajadores con expedientes y amenazas permanentes de expulsión, meterse con directivos del personal o académicos. Accionan más bien contra la institución -modifican el reglamento general como les viene en gana, sin consulta previa a la comunidad- y no la representan para nada, ni siquiera el espíritu universitario. Hasta tienen rencillas insalvables entre ellos. Son responsables de la ruina física y académica de la USB. No merecen continuar. Además de que, luego de su proceder contra la comisión electoral -se han metido hasta con la inapelable comisión de apelaciones-, no sería fiable una elección con ellos a la cabeza. En la USB falta -previamente- una nueva designación, inmediata, que cumpla su deber -hasta ahora incumplido por el interinato actual- de llevar a las elecciones en los 180 días legales, con ese como casi único, loable, propósito.
Encaminar el diálogo productivo, los acuerdos, la reconciliación, la transición en las universidades puede ser un camino que abra puentes y puertas más duraderas en el reacomodo institucional nacional venezolano. E iniciarlo con una buena disposición y acción en la USB sería un mensaje contundente para todo el país. Bajar la presión inmensa que se ha inculcado allí desde el poder y por el poder mínimo y mal entendido de unas autoridades carentes de posibilidades de entendimiento de su rol, sería tremendo mensaje al país nacional.
En la USB no esperamos sentados la transición, queremos iniciarla ya, con una pujanza inocultable. Tenemos aún el material humano y los deseos. Solo necesitamos un respaldo para llevar a cabo el plan. Sabemos de las intenciones buenas para ello. Es el momento. Invitamos a sacarle el mayor provecho, por el bien de nuestra institución, por el bien del país.
