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jueves 19 de marzo 2026
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William Anseume: Delcy y la sobrevivencia

Delcy se sabe finita. Debe saberse finita. Y no hablo de la existencia filosófica ni real. Tampoco de delgadez femenina. Finalmente es la primera mujer en ocupar la presidencia de la República. ¿Hay una República aún? Harina de otros costales. No hay duda de que intenta hacer bien, lo mejor posible, su tarea escabrosa. Pero hasta ahí. Porque no hay más. Al fin y al cabo es universitaria; es de la UCV.

Debería saber que es su momento, su único momento, el de labrar finalmente el acabamiento de esto construido durante años de destrucción para el tránsito a lo otro. Un puente. No de fin de semana. Pero puente al fin. No más. Nada más. ¿Durará? Muy posiblemente. Tal vez hasta necesariamente. El tiempo indispensable, que a todos parece ya largo. Pero falta. El rostro apenas se devela, levemente. Del bombardeo no van tres meses y algunos quieren modificaciones radicales ya. No es posible.

La oscuridad acompaña cada acción, cada nombramiento. Desde luego, soltar unos churupos más en uno de los miserables bonos está bien recibido, como una obligante obligación, aunque se sienta como es: incompleto. La celebración por el triunfo mundial del béisbol, cae bien, obviamente. Aunque no deja de ser una orden atravesada en medio de la precariedad que impide celebrar realmente, como se quisiera. También llegará ese tiempo.

Los Estados Unidos marcan la ruta. Otra de las espadas de Damocles, de su espada de Damocles sabida. El proceso de tres amplios pasos avanza, acelerado, aunque no se sienta del todo así. El tiempo electoral llegará al final. Y allí las definiciones; mientras tanto, Delcy, la finita -nunca el chavismo proyectó antes su finitud, ni siquiera con el finado en frente- intenta chapucear un resultado que les dé oxígeno imposible a todos ellos. Allí, cuando las elecciones, será el tiempo real de la reorientación contraria a lo hasta ahora conocido de los últimos años. El grito hacia la democracia y la libertad. Le tocó a ella. ¿Le tocó? Los cambios recientes para no cambiar, porque son los mismos y no pueden ser otros, por razones obvias, no se aprecian bien por la mayoría. Son los mismos en casi lo mismo. La liberación limitada de presos políticos, la cuestión económica tardía y limitada también, el enroque indispensable. Opera en contra. En un contra leve, pero en contra definitivo, definidor.

Si yo fuera Delcy, menos mal que no, lo dejaría hasta allí. Hasta donde llegue. No me postularía a unas elecciones a sabiendas de perder. Porque estaría como el alacrán encerrado en el frasco. Presto al suicidio. El rol para el que fue encargada es bastante ya. Sacrificio de los suyos, a los que les costará reconstruirse con ese peso mortal encima. Vendrá la necesaria reconciliación con todos aquellos que no cometieron delitos de lesa humanidad ni coadyuvaron a ellos. De eso se encargará la justicia, esa que a veces resulta tan injusta. Pero soy optimista. Viene lo mejor para nuestro país, que no es esto. Separación de poderes, reconstrucción institucional y política sin crímenes, en paz de divergentes, como debe ser, como siempre ha debido ser, elecciones y prosperidad económica que con chinos, rusos, iraníes y cubanos encima era imposible.

Pero el veneno del alacrán está allí. Y hasta allí llega. Ojalá se entienda de ambas partes. Se termine de entender de ambas partes. Falta. Falta que jode. Pero ahí vamos.

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