Habría que empezar indicando el estorbo que ha sido la Constitución, primero. La legalidad, en general. Suprimir toda legalidad ha sido parte fundamental para el único propósito del sostenimiento del poder. Dentro de la Constitución están contemplados los derechos fundamentales o derechos humanos, que son acuerdos internacionales firmados por los países y que deben ser respetados universalmente, con un objetivo: evitar el supremo derecho de rebelarse ante los abusos del poder, y convivir así, «civilizadamente».
Si se revisa realmente la Constitución, se puede notar el más vil desconocimiento casi a diario de la misma. Igualmente ocurre con los derechos humanos. Comenzando por el supremo derecho a la vida. ¿Vida? ¿Es esto vida? Habría que preguntarse, oteando alrededor. Pero obviamente no me refiero, ni se refiere el pacto a la «buena» vida, el derecho universal a protegerla, sino al derecho a disfrutar del estar vivo. Ambas ideas se complementan, porque no es solo estar por estar, sino estar bien, disfrutar. Con algún estándar de más allá de la supervivencia. Es que ni estar vivo está garantizado. ¿O no?
No hablemos de la libertad, o las libertades. Pensamiento, expresión, desplazamiento, opinión, manifestación, asociación. ¿Existen en verdad esos derechos? podría muy bien preguntarse cualquier ciudadano viandante consultado al respecto. ¿Dónde es eso? Esta sería la próxima pregunta. Bueno, están allí, estatuidos, aprobados, firmados; deberían ser valederos en cada rincón del planeta. Pero no.
La protección del hogar en cuanto a su inviolabilidad. Imagínense. Solo voy a tocar elementos principales. La inviolabilidad del hogar. El respeto a la familia y su aposento. Ancestral el indispensable cuidado sobre este elemento. O las comunicaciones. La intimidad no solo del hogar, de tu comunicación privada con los demás seres, sin que pueda ser conocida por otros; mucho menos divulgada públicamente, a menos que haya una investigación en curso aprobada por un tribunal. ¿Dónde es eso? ¿En Narnia? Los esfuerzos de la ONU parecen inútiles en general.
No hablemos de los derechos también ancestrales a la alimentación y la vivienda. O, los derechos laborales. Trabajar, producir para que te remuneren acorde con lo elemental para la vida digna. No tanto más allá se pide. Lo elemental para la vida digna. Combate a la esclavitud y la explotación de los otros, combate colgado en papeles desconocidos olímpicamente para quienes detentan el poder de manera enfermiza.
No solo les estorba la Constitución, también, y en mucho, los DD. HH.