
Los acorazados reciben ese nombre porque son buques de guerra provistos de un gran blindaje, pensado para resistir los ataques de la artillería enemiga. Además, poseen cañones de gran calibre, instalados en torretas y son más grandes que las fragatas o los destructores.
Por Clarín
Protagonistas de las batallas navales de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, los avances en materia de balística (como los misiles) les hicieron perder protagonismo y, para muchos analistas, su lugar fue ocupado por los enormes portaaviones de la actualidad.
Uno de estos barcos que sirvió en ambas guerras, botado hace más de un siglo, permanece como testigo de las batallas libradas por Estados Unidos en esos conflictos mundiales.
A pesar de que su experiencia fue menor a los acorazados de la clase Iowa, fue convertido en “buque museo”, pero la permanencia a la intemperie produjo daños que ponen en duda su futuro.
El acorazado USS Texas permanecería en Galveston
El USS Texas es un acorazado de la clase Nueva York, puesto en servicio en 1914, uno de los pocos de su tipo que se conservan. Después de haber sido “buque museo” y de haber sufrido deterioros y una escora de seis grados fue llevado a un dique seco de Galveston para su reparación, ciudad portuaria en el Golfo de México, cerca de Houston, estado de Texas. Ahora, quieren que permanezca allí.
El sitio especializado en defensa y seguridad nacional 1945, informa, desde su ingreso al dique seco en 2022, el USS Texas ha sido reconstruido con el objetivo de que pueda soportar varias décadas más como museo. “La restauración no fue solo estética, sino estructural y fundamental, con el objetivo de asegurar el buque para el largo futuro que sus cuidadores imaginaban”, dice el sitio.
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