
A lo largo de los cuatro años de guerra de Rusia en Ucrania la Unión Europea (UE) ha acelerado su rearme y ha incrementado su concienciación de que debe invertir más en su propia defensa, a la vez que ha visto sometidos a prueba su unidad y sus valores.
Lecciones para la UE
El primer gran impacto que el conflicto ha generado en la UE y sus Estados miembros es la toma de conciencia de que tienen que ser más responsables de su propia defensa, especialmente en un momento de incertidumbre por la nueva postura de Washington en su política exterior.
“La guerra de Rusia contra Ucrania ha obligado a Europa a replantearse cómo se lucha hoy un conflicto de alta intensidad”, dijo a EFE el analista de Política Económica de Europa del centro de estudios European Policy Centre, Ian Hernandez.
Así, la UE no solo ha desarrollado a lo largo de estos cuatro años nuevos mecanismos de ayuda financiera y militar a Ucrania sino también ha garantizado su abastecimiento de equipos mediante compras conjuntas y el impulso de su base industrial, y ha dado renovada atención al artículo 42.7 del Tratado sobre el apoyo mutuo en caso agresión armada, recordó Hernandez.
Incluso se ha recuperado el debate sobre la creación de un ejército europeo y hasta la jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, ha planteado que Europa necesita discutir sobre su propia disuasión nuclear, siendo dependiente actualmente de Estados Unidos.
Para la investigadora de Defensa de EEUU y Seguridad Transatlántica del centro de estudios German Marshall Fund, Kristine Berzina, Europa ha constatado que se enfrenta al adversario de siempre: Rusia ha considerado una amenaza que los antiguos países del bloque del Este vuelvan a su trayectoria occidental, señaló a EFE.

Impacto en la Otan
La primera implicación de la guerra para la Alianza Atlántica fue su ampliación. El anterior secretario general aliado, Jens Stoltenberg, solía decir que Rusia quería “menos Otan” cerca de sus fronteras, pero que obtuvo “exactamente lo contrario”. Finlandia se incorporó en 2023, de forma que la frontera de la Alianza con Rusia se duplicó, y Suecia lo hizo a continuación en 2024, tras décadas de no alineamiento militar.
La Otan empezó por entregar ayuda no letal a Kiev para pasar a organizar el entrenamiento de sus tropas y envío de armamento cedido por los aliados y, más recientemente, a orquestar la compra de armas y munición estadounidenses para Ucrania por parte de los europeos y Canadá.
En este tiempo, la Alianza también ha visto cómo esos aliados han aumentado su gasto en defensa y adoptado nuevos compromisos para seguir subiéndolo, un acelerón europeo en defensa que no implica, según Hernandez, que la Otan deje de ser “estructuralmente dependiente de Estados Unidos”.
La preparación de la sociedad ante escenarios de crisis va ganando terreno. Varios países de Europa occidental debaten la ampliación de reservas o posibles fórmulas de servicio obligatorio, así como la necesidad de preparar psicológicamente a la ciudadanía ante la eventualidad de un conflicto armado, apuntó ese experto.
La entrada de Ucrania en la Otan en cambio, pese ser un objetivo desde 2008, es actualmente descartada por la Alianza mientras el país siga en guerra.
¿Ucrania en la UE?
Las expectativas en ese sentido se centran más ahora en la UE, que ha entendido que su seguridad empieza en Ucrania, y desde que se inició la invasión el país ha solicitado formalmente su ingreso y ha obtenido el estatus de candidato.
El jueves, el portavoz comunitario Anouar El Anouni subrayó que “la adhesión de Ucrania a la UE constituiría una garantía de seguridad por derecho propio”, en el contexto de cómo garantizar que Rusia no vuelva a atacar a su vecino.
No obstante, el periplo de Ucrania hacia Europa obliga a la UE a demostrar que es coherente con sus propios valores y principios, ya que la entrada de un nuevo país requiere la unanimidad de todos los socios, y de momento no se han puesto de acuerdo para abrir los primeros capítulos de la negociación con Kiev, con Hungría -cercano al Kremlin- como principal opositor.
“Que la UE pueda absorber a Ucrania depende de dos condiciones: el cese de los combates en Ucrania y la voluntad política en Europa”, puntualizó Berzina, quien precisó que aunque muchos países están preocupados por el coste y la carga económica que supondría su integración, “la realidad es que Europa será responsable de Ucrania, independientemente de si forma parte de la UE o no».
Mantener al margen a Ucrania supondría una recuperación más lenta del país y menos beneficios para la UE a largo plazo, y «generaría el tipo de desesperanza que el Kremlin espera” entre los ucranianos, concluyó la investigadora.
EFE
