La interesante palabra que sirve para darle título a esta entrega puede tener por lo menos dos orientaciones interpretadoras: una dirigida a la inmovilidad y otra que sugiere la amenaza de un golpetazo que detenga a quien acciona malamente. Obviamente, me interesa más la segunda opción hoy, aquí.
Es un término que se usa con el tiempo con menos frecuencia. Ha sido desplazado, creo, por otros más agresivos y vulgares, como coñazo. El tatequieto envuelve una singular sutileza, en medio de la amenaza. Por supuesto, de la oferta del tatequieto puede escalar la idea de que, si no se queda tranquilo el sujeto o los sujetos operantes en el acto malicioso, se abra la posibilidad incierta de avanzar más allá del tatequieto sutil a la paliza. El tatequieto es un anuncio envuelto en amenaza no velada.
Decirle la abuela a un niño: «te voy a dar tu tatequieto», puede estar acomodado entre risas, contorsiones y jocosidades. ¿No les parece? Pero el tono puede ser otro o subir en mucho si se trata de una valedera advertencia paterna al infante. Nunca un tatequieto, si no escala, llega a descomponer del todo al recipendiario. Pero está ahí, latente, a la espera del cambio inmediato del comportamiento, generalmente infantil. Constituye un llamado a la atención y a la seriedad propia de la adultez.
Cuando el tatequieto se ha dado, se demuestra el poderío de quien manda. Reduciendo al antes amenazado a agente de la agresión, cuasi víctima de quien detenta el poder inmediato. El tatequieto, como he dicho, puede avanzar mucho más, después de provocado y conseguido y desatar luego la ira de su ejecutor. Es una demostración primera de las posibilidades reductivas, físicas, de quien o quienes posiblemente procedan. Ahora bien, el tatequieto puede anunciarse con armas, como una chancleta, por decir algo, que solo será accionada y hasta incrementada por otros componentes físicos que pudieran causar daño, si no cumple su misión aquietadora. El tatequieto, en principio, se anuncia.
Cuando alguien, desde su poder, enuncia un tatequieto, es porque tiene la posibilidad de proceder en consecuencia, luego de analizada la detención o no de los hechos que han producido su pronunciamiento. ¿Bastará siempre la advertencia del tatequieto, para la contención de la maldad? Sabemos que no. Ha habido tantas anunciaciones. Depende de la pantufla y sus cargas. ¿Será este, acaso, el último y definitivo tatequieto emitido? Esperemos la respuesta de los accionantes. A veces un movimiento certero basta para que la pronunciación del tatequieto cumpla su deseado fin. Tatequieto emitido. Y de qué manera.