
La misión Artemis II representa el esfuerzo más ambicioso de la agencia espacial estadounidense NASA en exploración lunar desde 1972. Cuatro astronautas se preparan para viajar más lejos en el espacio profundo de lo que ningún ser humano ha conseguido antes, desafiando riesgos inherentes que, según especialistas consultados por el canal de noticias estadounidense ABC News, nunca pueden eliminarse por completo, incluso con la tecnología más avanzada y rigurosos protocolos de seguridad.
Por Infobae
Aunque la agencia se encargó de diseñar una exhaustiva red de mecanismos para proteger a la tripulación, la naturaleza de este vuelo de prueba impone desafíos inéditos y la propia institución reconoce que existen peligros “que merecen ser asumidos”.

La misión, cuya duración será de 10 días, servirá como banco de pruebas para evaluar sistemas críticos —desde las comunicaciones hasta el soporte vital a bordo—, según detalló el administrador de la NASA Jared Isaacman a ABC News.
El núcleo de la estrategia de mitigación de riesgos está en el uso de tecnologías comprobadas y adaptadas para Artemis II, como el “traje de supervivencia de la tripulación Orion”, que puede mantener con vida a los astronautas durante 6 días en caso de emergencia: ‘traje de supervivencia de la tripulación Orion’ puede mantener con vida a los astronautas durante seis días.

Este margen resulta esencial para un viaje en el que regresar de inmediato a la Tierra podría no ser viable. Los trajes, naranjas desde 1988 para facilitar su detección durante la recuperación en el mar, incluyen resistencia al fuego, sistemas de enfriamiento y protección contra despresurización, de acuerdo con información proporcionada por la NASA a ABC News.
Además de estos trajes, la capa de protección se refuerza con el sistema de escape en el lanzamiento, una estructura de 13,4 metros (44 pies) de altura que sobresale de la cápsula Orion. Este componente está equipado con motores capaces de separar a la tripulación del cohete en cuestión de segundos ante cualquier anomalía crítica durante el despegue: la cápsula Orion, equipada con motores capaces de separar la tripulación del cohete en segundos ante cualquier anomalía.

Según explicó la NASA a ABC News, cuenta con un antecedente en la misión Apollo 13 de 1970, cuando tras la explosión de un tanque de oxígeno, la tripulación perdió soporte vital y energía, pero las trayectorias de retorno automático —que aprovechan la gravedad lunar— permitieron su regreso a la Tierra.
Dispositivos clave para afrontar los riesgos de Artemis II
La protección frente a la radiación cósmica obligó a incorporar innovaciones en la cápsula Orion. Se instalaron 6 sensores del sistema Hybrid Electronic Radiation Assessor, que miden en tiempo real la dosis de radiación en distintos puntos de la cabina.
Además, cada astronauta lleva un rastreador personal capaz de alertar ante niveles elevados, una precaución indispensable cuando la nave cruce el campo magnético terrestre y se exponga al entorno hostil del espacio exterior, como detallaron especialistas de la NASA a ABC News.
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