domingo 31 de agosto 2025
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Ophelia, la pastelería móvil de una venezolana que causa furor en Miami

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En un rincón de Coconut Grove, entre dos edificios y en pleno estacionamiento rodeado de árboles, una autocaravana pintoresca con una enorme ventana captó la atención de sus residentes. No es un food truck y tampoco una cafetería común. Es Ophelia, una pastelería móvil fuera de serie que en poco tiempo se convirtió en uno de los puntos más virales y exitosos de la escena gastronómica de Miami en este 2025.

Contra todo pronóstico, y gracias a una ejecución impecable, la venezolana Ana De Sa Martins, reconocida como la mejor pastry chef de la ciudad, apostó por un modelo de negocio rentable junto a su esposo, el chef Juan Vieira. Con una estética atractiva y un menú protagonizado por sabores muy auténticos, sus creadores demuestran visión, ingenio y dedicación. Pero la aventura apenas comienza y lo que viene promete mucho más que deliciosos postres.

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Maracaibo fue el punto de partida de Ana De Sa Martins, quien a los 18 años emprendió rumbo a Nueva York sin un plan claro sobre su futuro profesional. “No con la intención o con la idea de que iba a estudiar cocina o iba a estar en ese mundo”, admitió. Sin embargo, la ciudad despertó su curiosidad y la llevó a inscribirse en un curso de cocina que daría forma a su camino en la gastronomía.

Durante su estancia en Brooklyn, Ana cursó Gestión Hotelera, un programa que combinaba gerencia de restaurantes, vinos y cocina, entre otras cosas. «Estaba estudiando eso, pero todavía no sabía en qué parte de la cocina desempeñarme, porque la cocina es bien pesada. Pero era porque mi experiencia había sido cocina salada. Me parece súper intensa, el calor, estar en la línea, grasa por todas partes, pollo crudo, pescado crudo, no sé, me desilusioné un poco», contó.

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Los primeros años en Estados Unidos estuvieron marcados por la distancia con sus seres más queridos. “Lo más duro, obviamente, es estar sin mis padres y mi familia. Tuve que salir de mi zona de confort para conocer gente nueva, pero también se convirtieron en mis amigos más cercanos, es la gente que conocí en Nueva York, diría que se convirtieron en familia”. 

Del mismo modo, Ana recordó las barreras del idioma que enfrentó y su frustración por no poder expresarse con fluidez en inglés al iniciar la universidad. «Tenía buena base de inglés por el colegio donde estudié en Venezuela, pero siempre me daba pena y miedo de hablar y desenvolverme».

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«De los cuatro años de cocina, el primer año de universidad no hablaba, y soy de esas personas que en las clases siempre era la primera en levantar la mano y tal, pero esa frustración de no saber cómo expresarte era horrible. Entonces, el primer año era muda, no podía hablar. El segundo año te vas soltando poco a poco y ya para el cuarto año de la universidad era un loro, no me callaba la boca», agregó.

Pronto, una pasantía en Francia fue decisiva para su trayectoria. «Cuando llegué allí, justo la persona con la que me pusieron a trabajar, hacía la parte de las ensaladas y también hacía los postres, pero la chica odiaba los postres, entonces me puso a mí para que me encargara de ellos. Y fue como que descubrí algo, y es que la pastelería era mucho más calmada, más elegante, más tranquila, más limpia».

Una pasión pastelera

Su primer trabajo en la industria culinaria estadounidense fue en un restaurante de comida de mar en Nueva York, cortando cebollas, pelando camarones y preparándose para asumir mayores responsabilidades. Posteriormente, se convirtió en asistente de pastelería. “Allí me enseñaron todo lo que sé hoy en día (…) lo que más aprendí fue en el trabajo como tal y con esta gente”.

El giro hacia Miami se dio de manera inesperada. La pandemia canceló su ingreso a un restaurante con estrella Michelin en Nueva York. “Estuve cinco meses en cuarentena (…) el tiempo corría, la visa se estaba expirando y dije: ‘nada, me voy a Miami a esperar que pase el tiempo’”. La ciudad le ofreció nuevas oportunidades y un lugar en Stubborn Seed, un restaurante que eventualmente alcanzaría una estrella Michelin.

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Pero la transición no estuvo exenta de retos. Ana relató la prueba que la posicionó como jefa de pastelería. «El chef me dijo: ‘Yo creo que tú puedes ser la pastry chef’, aunque yo sentía que no estaba preparada, igual estuve a disposición para asumir la posición». Así, su determinación y talento la consolidaron en un mercado competitivo, que la llevó a transformar cada desafío en aprendizaje.

Ana siempre soñó con tener un espacio propio. “Una pastelería es mi lugar feliz, el café, el olor a pan y todo eso”, confesó. Tras cinco años en Stubborn Seed, la criolla reconocida como la mejor pastry chef de Miami, empezó a cuestionarse por qué no aplicar el mismo empeño en su propio proyecto. Junto a su hoy esposo, el chef colombiano Juan Vieira, quien también compartía el deseo de emprender, decidieron arriesgarse. “Hagamos algo juntos aunque sea súper aterrador y de miedo”, se dijeron.

Un sueño sobre ruedas

Fue así como surgió el concepto de Ophelia, aunque arrancar presentaba ciertas limitaciones debido al inclemente mercado inmobiliario de Miami. “Queríamos una pastelería física, pero el real estate está demasiado caro. Hay demasiadas trabas para la gente que quiere abrir un negocio en cuanto a los permisos que necesitas para construir la cocina o para operar la cocina y todo eso. Con poquito dinero, nos dimos cuenta que no iba a ser posible”, explicó. 

Entonces, decidieron que la solución sería transformar una autocaravana en una pastelería móvil, un formato que reducía la inversión inicial y ofrecía flexibilidad, además de convertirse en un éxito rotundo. “Mi esposo es muy creativo, él se encargó, yo lo ayudé un poco. Queríamos que fuese muy bonito visualmente, con una ventana gigante para que la gente vea todo lo que está disponible. La comida y los dulces son importantes, pero la gente toma más fotos del carro que de la comida porque es diferente visualmente”. 

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Mientras Ana aporta creatividad y cocina, Juan se enfoca en la gestión y expansión del proyecto, pero construir este sueño junto a su esposo exige equilibrio y paciencia. “Trabajar con tu pareja siempre tiene sus dificultades, pero no es la primera vez que trabajamos juntos porque ya lo hacíamos en el restaurante. Aunque tengamos nuestras peleas normales, trabajamos demasiado bien juntos. Nos complementamos muy bien”, aseguró.

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Así mismo, la dinámica entre ambos sostiene una estrategia clara que apunta hacia el crecimiento. “No nos queremos quedar en un solo carrito. Queremos tener más por la ciudad y crecer. Su posición ahorita es llevarnos a hacer el próximo paso. Y yo cocino 100 %”.

Menú para volver siempre

Ophelia se define como un espacio que busca evocar los recuerdos más hermosos y vívidos del pasado a través del paladar. “Cuando decidimos qué poner en el menú y cómo queríamos que Ophelia se viera, era algo que te produzca nostalgia o felicidad. Tenemos muchos clásicos con los que todo el mundo está familiarizado como el pan de banana o las galletas chocolate chip, hay como un pan de chocolate que tú puedes encontrar en muchas partes, pero queríamos que fuese la mejor versión de ese producto”. 

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En tal sentido, la pastelería combina sabores familiares con toques personales, como las creaciones de Juan, influenciadas por su herencia colombiana. “Le encanta hacer cosas con queso y azúcar, porque a los colombianos les encanta esa combinación rara”, dijo Ana.

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La propuesta de Ana y Juan logró conectar con los vecinos de Coconut Grove al ser un punto de encuentro especial. “Al abrir Ophelia estaba nerviosa porque el lugar es literal un estacionamiento entre dos edificios (…) nos dimos cuenta que detrás de nosotros hay una comunidad gigante que no tiene muchas cosas alrededor. La cantidad de gente que viene caminando del vecindario es increíble. Se ha creado una comunidad muy bonita y me encanta”. 

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Dentro del menú, algunos productos destacan por su popularidad. “El banana bread al principio era muy solicitado. La gente me dice que es el mejor de Miami, ahora hicimos un postre que tiene una mezcla de feta y queso crema, con mango fresco encima. Está súper popular. También el sándwich de desayuno que Juan diseñó”.

La disciplina como motor

La identidad venezolana de Ana aún trata de incorporarse de manera incipiente en el menú pese a que proviene de una familia portuguesa, pero logró conseguir elementos para poder conectar con su memoria culinaria. “Estamos haciendo algo con maíz. Me recuerda a la torta de maíz (…) que prácticamente es como una cachapa gorda”. 

En un escenario tan competitivo como el de Miami, Ana ha demostrado compromiso, disciplina y tenacidad en cada receta que ejecuta. Pero esa mezcla de ingredientes no nació al azar, se cocinó a fuego lento desde que estudiaba en la universidad y le permitió convertirse en la chef brillante que es hoy.

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“Me siento muy orgullosa. Siento que, gracias a Dios, las oportunidades que se me han presentado y todo lo que ha pasado en mi carrera, soy consciente que no a todo el mundo le pasan. Pero no permití que el hecho de ser mujer o ser inmigrante me supusiera obstáculos. Un ejemplo es cuando estaba en la universidad (…) prefería quedarme trabajando gratis en una pastelería, en vez de estar en la casa viendo televisión. Siempre he trabajado muy duro y más tiempo extra que todo el mundo para poder lograr lo que tengo”.

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Y precisamente, el esfuerzo rindió frutos. A pesar de la dificultad para expresarse en inglés durante sus primeros años, cerró sus estudios con el mejor promedio de la clase. “Fue una prueba de que, si pones esfuerzo y te propones a trabajar, dar más que todo el mundo a tu alrededor va a haber resultados”. Esa ética de trabajo se transformó en la base de todo lo que construyó después en la industria gastronómica.

Un futuro por hornear

El sueño con Ophelia no se limita a un solo carrito y así como crece su popularidad, también aumentan los planes de expansión para llevar la experiencia de la pastelería hacia distintos espacios de Miami. “Lo visualicé estando en varios carritos por la ciudad, en diferentes vecindarios (…) me lo imaginé en la Florida International University, en la Universidad de Miami y en Brickell también. El problema es que nosotros somos más chefs de restaurantes y nos gusta el tema del hospitality, el servicio a la gente, que tengas una buena experiencia”, compartió la criolla.

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Más allá del formato móvil, considera la posibilidad de un local físico. “Estábamos viendo si capaz en un futuro nos gustaría tener un lugar físico, que era la primera idea que teníamos. También queremos explorar el mundo de lo que se llama wholesale, al mayor, porque mucha gente nos pide: ‘por favor, tengo un café, pero no hago mis postres. ¿Será que tú me los puedes dar?’”. La demanda de sus productos abre un nuevo frente de crecimiento que todavía está por definirse.

Ana habló de sus proyectos con emoción, pero no pierde de vista el sueño de su pareja y cómplice de esta aventura gastronómica. “Mi esposo es más un chef de comida salada. Extraña la cocina y trabajar en la línea. Pero en vista de que empezamos esto juntos, se ha convertido en un pastelero, y yo sé que su sueño es tener un restaurante un día. Me gustaría poder lograr su sueño también. Él vino y trabajó conmigo, impulsó mi sueño, que es esta pastelería. Me encantaría apoyarlo para que él también tenga un restaurante”.

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