Donald Trump ha abierto una pequeña puerta para la entrada de petróleo a Cuba y México está buscando cómo aprovecharla. La autorización del presidente estadounidense a que un buque petrolero ruso, con más de 700.000 barriles, llegara la semana pasada a los puertos de la isla supone el primer gesto de flexibilidad desde la asfixia energética impuesta hace tres meses. En la Casa Blanca ya han avisado que no se trata de un cambio en su política de presión y que analizarán caso por caso la entrada de más buques. Por esa rendija tratará de colarse el petróleo mexicano. El Gobierno trabaja en varios frentes para “buscar alternativas, pero con el límite de no poner en riesgo al país con sanciones”, apuntan fuentes cercanas a la presidencia. Es decir, no moverán un dedo sin la autorización explícita de la Casa Blanca que, como es habitual con Trump, ha enviado más de una señal contradictoria.
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