
Bajo un cielo que alterna entre el misticismo de la neblina andina y el sol resplandeciente de la «Ciudad de los Caballeros», miles de devotos y turistas se volcaron este Viernes Santo a las calles del centro histórico con el propósito cumplir con la centenaria tradición de la visita a los Siete Templos.
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Esta acción representa una de las manifestaciones de fe más arraigadas en la Región de los Andes, donde se fusiona la riqueza cultural con la identidad religiosa que identifica a los andinos.
La jornada, que inició formalmente al caer la noche del Jueves Santo con la apertura de los monumentos, ha reafirmado a Mérida como el epicentro del turismo religioso en Venezuela, logrando una amalgama perfecta entre la espiritualidad y la majestuosidad arquitectónica de sus parroquias.
En el centro de la ciudad, el itinerario de fe tuvo su punto de partida en la Catedral Basílica Menor de la Inmaculada Concepción, donde frente al monumento, los fieles iniciaron sus oraciones meditando sobre el primer momento de la Pasión de Cristo.
El flujo de personas se desplazó de manera ordenada por el casco central, abarcando otras iglesias cercanas como Nuestra Señora del Perpetuo Socorro conocida como La Tercera, famosa por su valor histórico. También la iglesia de la parroquia Nuestra Señora de Belén, punto de encuentro tradicional de la comunidad. Asimismo, la Iglesia o Rectoria de Nuestra Señora del Espejo donde se custodió con especial celo la imagen de su Virgen patrona en un ambiente de riguroso silencio y respeto.
Para muchos creyentes, Mérida no es solo un destino de paisajes, sino de experiencias espirituales.
Carmen Pérez, turista proveniente de Caracas, expresó su asombro ante la vivencia andina:
«Es gratificante ver la riqueza cultural y la solemnidad con la que se vive la Semana Mayor aquí. Hay una energía de recogimiento que no se siente en otras partes».
El recorrido se extendió hacia otras edificaciones religiosas icónicas como San Miguel Arcángel de El Llano, San Juan Apóstol de Milla y Nuestra Señora del Carmen.
Mientras que los grupos de apostolado han dado vida a las escenificaciones de la Pasión Viviente, atrayendo a cientos de devotos a presenciar las majestuosas obras.
Entre tanto, en cada iglesia, los devotos cumplieron con las lecturas de los siete pasajes bíblicos, recorriendo simbólicamente el camino de Jesús desde el Huerto de los Olivos hasta el Calvario.
Este año, el sentimiento colectivo fue unánime: las oraciones se centraron en la paz de Venezuela, la salud familiar y la prosperidad económica de la región.
Pero más allá de lo espiritual, la masiva afluencia de visitantes ha dado un respiro necesario al sector comercial y turístico, que ve la luz en medio de la oscuridad durante las temporadas.
Tras meses de estancamiento evidente, los comerciantes locales reportan una variación positiva en el consumo, impulsada por la ocupación hotelera y el dinamismo en la gastronomía regional, motivado a la gran variedad de opciones que tienen propios y visitantes para disfrutar estos días de asueto.



