La electrificación, la descarbonización y los nuevos vectores energéticos abren un horizonte donde los activos y capacidades de Venezuela podrían revalorizarse más allá del petróleo crudo.
Hasta ahora, ninguna fuente de energía primaria ha sido -en la historia de la humanidad- realmente abandonada. El carbón, la biomasa, el petróleo, el gas natural, la nuclear y las renovables coexisten, adaptándose a las necesidades de un mundo en constante crecimiento. Sin embargo, dos megatendencias globales se consolidan de manera irreversible: la electrificación de la demanda energética y la descarbonización de la matriz energética.
La electrificación significa que cada vez más procesos en la matriz energética, desde el transporte hasta la industria y los hogares, dependen de electricidad como vector energético.
Según Ember, en 2007 la electricidad superó al petróleo como principal fuente de energía útil a nivel mundial, es decir, la energía que realmente consumen los usuarios después de conversiones y pérdidas, como la electricidad que llega a casas, el combustible para transporte o la energía utilizada en procesos industriales.
La descarbonización implica que la mayor parte de las nuevas adiciones a la matriz de producción de electricidad son energías renovables: solar, eólica, hidrógeno y biocombustibles. En este contexto, el papel del petróleo y el gas cambia: no desaparecen, pero se integran en un ecosistema energético más diversificado y sostenible.
En 2023, el carbón representó el 35% de la generación eléctrica global, mientras que el gas natural alcanzó el 23%. Sin embargo, las fuentes de energía renovable, como la solar y la eólica, contribuyeron con el 13,4% de la generación eléctrica global.
En 2024, la participación de las fuentes de energía limpia superó el 40% de la generación eléctrica mundial por primera vez desde la década de 1940. Este hito fue impulsado principalmente por la energía solar, que fue la fuente más grande de nueva electricidad, con una contribución de 474 TWh a la red.
En resumen, mientras que el carbón alcanzó su pico en 2013 y el gas natural en 2020, las mayores adiciones a la matriz eléctrica mundial provienen de fuentes renovables, reflejando una transición hacia una generación eléctrica más limpia y sostenible.
Todas las grandes petroleras, desde Aramco y ExxonMobil hasta Shell, Repsol y Chevron, han comenzado a expandir su portafolio hacia fuentes de menor huella de carbono. Es en este escenario donde se inscribe la estrategia de la estructura de la petrolera Chevron: Chevron New Energies, creada en 2021, que entiende la transición no como un reemplazo abrupto del barril, sino como un proceso de diversificación inteligente y audaz. Esta estructura tiene una cartera de proyectos diversos en las nuevas energías, alineando sus inversiones con las megatendencias que marcarán el sistema energético de las próximas décadas.
Y hablo de Chevron específicamente, porque es una gran petrolera occidental que aún opera en el país, y precisamente Venezuela no sólo tiene inmensas reservas de petróleo y gas, sino también unas excelentes condiciones de irradiación solar y abundancia de agua dulce (la cuenca del río Orinoco), lo que le otorga un potencial excepcional para el desarrollo de energías renovables y proyectos de hidrógeno verde a gran escala. El país podría crear una matriz energética diversificada, capaz de atraer inversiones no solo en hidrocarburos, sino en toda la cadena de valor de las nuevas energías.
Chevron New Energies: diversificación inteligente más allá del barril
El portafolio que ha desarrollado incluye hidrógeno azul y verde, combustibles renovables como diésel combustible sostenible de aviación( SAF en inglés), captura, uso y almacenamiento de carbono (CCUS en inglés), energía solar, eólica y geotérmica, y bioenergía.
Proyectos clave que reflejan la visión más allá del barril
El hidrógeno representa un vector clave: el azul permite reducir emisiones en procesos industriales y generación de energía, mientras que el verde, producido mediante electrólisis con energía renovable, ofrece un portador limpio para el transporte y la industria. Los combustibles renovables ayudan a descarbonizar sectores difíciles de electrificar, como la aviación y el transporte pesado. Y la inversión en CCUS demuestra que Chevron apuesta por convertir emisiones en recursos, transformando dióxido de carbono en productos útiles.
Chevron-Bunge Bioenergía (Brasil): Una empresa conjunta que produce etanol a partir de caña de azúcar y genera electricidad renovable a partir de biomasa. Este proyecto posiciona a Chevron como un actor relevante en biocombustibles y demuestra cómo las energías limpias pueden integrarse en economías agrícolas existentes.
Proyecto ACES (Utah, EE.UU.): Parte de la iniciativa de Almacenamiento Avanzado de Energía Limpia, busca transformar el excedente de energía renovable en hidrógeno almacenable, que luego puede reconvertirse en electricidad. Esta tecnología permite enfrentar uno de los mayores retos de la transición: la intermitencia de solar y eólica.
Hidrógeno azul y verde: Chevron desarrolla hidrógeno azul a partir de gas natural con captura de carbono y hidrógeno verde mediante electrólisis con energía renovable. Esta combinación muestra que la compañía aborda tanto la reducción de emisiones en sectores industriales como la creación de vectores energéticos limpios para el transporte y la industria.
Captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS): Chevron invierte en tecnologías que permiten capturar CO? de procesos industriales y convertirlo en productos útiles, desde combustibles hasta materiales de construcción, transformando emisiones en recursos y cerrando ciclos de carbono.
Alianzas estratégicas: Con Microsoft, la compañía optimiza sus operaciones mediante inteligencia artificial y análisis de datos; con Schlumberger explora energía geotérmica; y con Oxy y Renewable Energy Group desarrolla CCUS y combustibles renovables. Estas colaboraciones aceleran la innovación y amplían la escala de los proyectos, garantizando que los avances no queden en piloto sino que se implementen a nivel industrial.
La estrategia de Chevron responde también a factores regulatorios y financieros. Los gobiernos exigen cada vez más objetivos de reducción de emisiones, y los inversores priorizan criterios ambientales, sociales y gobernanza (ESG en inglés). Chevron New Energies reduce riesgos asociados a activos de alto carbono y atrae inversión estratégica, mientras mantiene su negocio tradicional de petróleo y gas para garantizar la seguridad energética global con el visto bueno de sus accionistas e inversionistas.
Chevron es una empresa pública de capital abierto: Chevron es una empresa que cotiza en bolsa con el símbolo CVX en la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE). Es propiedad de sus accionistas, quienes pueden ser millones de individuos y fondos de inversión de todo el mundo. La empresa tiene la responsabilidad de rendir cuentas a esos accionistas y está regulada por entidades como la Comisión de Bolsa y Valores de EE. UU.
Tiene operaciones en múltiples continentes, con una presencia notable en América del Norte, Eurasia, África y América del Sur.
En este tránsito hacia un nuevo paradigma, Chevron no está sola.
Otras grandes compañías globales también están adaptando su modelo de negocio a las megatendencias que marcarán las próximas décadas:
-
Chevron impulsa proyectos pioneros en captura y almacenamiento de carbono (CCS), como el Gorgon Project en Australia, uno de los más grandes del mundo.
-
ExxonMobil lidera el desarrollo de hidrógeno azul y CCS en la Costa del Golfo de EE. UU., con inversiones millonarias en la creación de hubs industriales descarbonizados.
-
Shell está apostando por hidrógeno verde y movilidad eléctrica, destacando su red de estaciones de recarga y el Holland Hydrogen I, la planta de hidrógeno verde más grande de Europa.
-
BP se ha posicionado fuerte en eólica marina, con parques como Empire Wind y Beacon Wind frente a la costa estadounidense.
-
Aramco explora el amoniaco azul como vector energético de exportación, con envíos piloto ya realizados a Japón.
-
Repsol ha avanzado en biocombustibles avanzados, con su planta de Cartagena en España como referente europeo en combustibles renovables para aviación y transporte pesado.
-
Eni – Hidrógeno verde y bioenergía: Iniciativas en África y Europa para producción de hidrógeno renovable y combustibles de segunda generación
Si Venezuela lograra una reinserción plena en el mercado energético internacional, podría atraer a este mismo tipo de proyectos, aprovechando su combinación única de:
-
Gas natural abundante para producir hidrógeno azul y amoniaco.
-
Potencial solar extraordinario para hidrógeno verde.
-
Reservas geológicas para almacenamiento subterráneo de CO?.
-
Agua dulce para procesos industriales limpios.
-
Ubicación estratégica para exportar hacia Norteamérica, el Caribe, Europa y Asia.
En otras palabras, las megatendencias energéticas no son ajenas a nuestra realidad: Venezuela podría ser un nodo clave de la transición global, si se dan las regulatorias para que estas inversiones lleguen y prosperen.
David Morán Bohórquez es ingeniero industrial, miembro de la Comisión de Energía de la Academia de Ingeniería y Hábitat de Venezuela y del Consejo Directivo de Cedice Libertad