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sábado 30 de agosto 2025
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Marcos Hernández López: Un discurso Populista sin carisma

Un discurso populista sin carisma se refiere a un fenómeno político donde un líder, a pesar de carecer de un magnetismo personal extraordinario, logra mantener o ejercer poder a través de la movilización de un movimiento y la adopción de tácticas populistas. Esto desafía la noción tradicional de que el carisma es un requisito indispensable para el éxito de los líderes populistas, sugiriendo que la combinación de una crisis de legitimidad, instituciones deficientes, y la capacidad del líder para movilizar a sus bases a través del discurso de conflicto y la radicalización puede permitir la existencia de un populismo sin la figura de un líder mesías. El populismo es propio de la demagogia, la simulación, hipocresía política más conflictiva, muchos ciudadanos solamente quieren que les digan lo que, desean escuchar. El populismo también es querido, tanto en el lado de las ideologías de derecha e izquierda, ya que los que lo utilizan son conscientes de que, en el caso de ser aceptadas sus propuestas, tendrán éxito en el campo electoral, que es lo fundamental para los dirigentes o líderes políticos, traducido en poder. El populismo en su especificidad tiene toda una intención revelada, manipular al pueblo con palabras básicas para enfrentar situaciones económicas y sociales, menospreciando el intelecto humano. Lee Kuan Yew, el “padre de Singapur”, decía: “Nosotros decidimos lo que es correcto, no importa lo que la gente piense”.

Ahora bien, para los expertos en la temática del populismo “no todo liderazgo carismático es necesariamente populista, pero los liderazgos populistas son casi siempre carismáticos. Por su forma de apelar al pueblo, prometiendo su salvación, el populismo requiere una jefatura extraordinaria capaz de encarnar esa promesa. Aunque la relación entre populismo y carisma no ha sido trabajada suficientemente, por lo general las aproximaciones al populismo, incorporan al carisma como característica regular. Esa asociación entre ambos fenómenos quizá se entienda mejor cuando constatamos que para el populismo el orden político no es asumido como producto de un vínculo racional-legal, sino como derivado de un “orden revelado” según ha puesto de manifiesto Loris Zanatta, quien ha intentado establecer la conexión entre populismo y ethos religioso. El carisma, esa cualidad extraterrenal que, como indicara Weber, permite al líder que lo posea ser percibido como enviado de Dios, viabiliza la ruptura populista.
El caso venezolano como ejemplo, Nicolás Maduro es citado como un caso de estudio para este concepto, ya que, a pesar de no replicar el liderazgo carismático de Hugo Chávez, ha mantenido y radicalizado su discurso populista para enfrentar la pérdida de fidelidad política y afectiva de las masas. Cuando Maduro alcanza la primera magistratura, ya se ha producido entonces un proceso de rutinización del proceso bolivariano que se ve enfrentado a la necesidad de darle continuidad a su dominación sin la presencia de su genuina autoridad carismática. A conciencia de su nula vinculación carismática con la gente, Maduro intenta compensarse replicando profusamente el discurso populista de su mentor al mantener la “frontera política entre el pueblo y su otro”. Como bien señala Laclau, “no hay populismo sin una construcción discursiva del enemigo”.

El déficit de carisma ha sido compensado por Maduro perpetuando las prácticas populistas que distinguieron al liderazgo de Hugo Chávez. Con ello es posible conjeturar que es factible replicar el discurso populista aun sin la presencia del ingrediente carismático. La realidad actual de Venezuela es una advertencia a todos los ciudadanos del mundo, situación que convoca a una reflexión final, para darle paso a la razón el populismo es un tránsito complejo y hasta contradictorio que, al principio, puede resplandecer como una democracia. No obstante, cuando se analiza llegamos a la conclusión lógica, el populismo puede provocar que la democracia se debilite o incluso se convierta en autoritarismo, caso concreto, Venezuela.
En síntesis, los factores que se dibujan en el caso venezolano el discurso populista sin carisma. Contextos de crisis: La presencia de desigualdad social, instituciones deficientes y crisis de representación política crea un caldo de cultivo para el surgimiento y sostenimiento de movimientos populistas. Movilización de bases: La capacidad de un líder, aunque no carismático, para movilizar a las bases sociales y políticas a través de la creación de una narrativa de «nosotros contra ellos» puede ser suficiente para sostener el movimiento populista. Radicalización del discurso: La radicalización constante del discurso y la amenaza de violencia pueden convertirse en herramientas defensivas ante la pérdida de la legitimidad y la fidelidad de los seguidores.

Marcos Hernández López CEO Hercon Consultores

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