
El 10 de junio de 1991, cuando Jaycee Dugard tenía once años, fue secuestrada en la localidad de Meyers, California, mientras caminaba hacia la parada del micro escolar, hecho presenciado incluso por su padrastro, Carl Probyn, desde la ventana de su casa. Un automóvil gris se detuvo junto a ella y una mujer empleó una pistola eléctrica para inmovilizarla, con la ayuda de un hombre. Ambos subieron a Jaycee al auto y huyeron rápidamente, inutilizando cualquier intento de persecución. Su padrastro intentó seguir el coche en bicicleta, pero fue en vano.
Por infobae.com
Las primeras investigaciones policiales, erráticas y centradas en el entorno familiar retrasaron la búsqueda efectiva. Carl Probyn fue sometido a exhaustivos interrogatorios y a la prueba del detector de mentiras. Se investigó también al padre biológico de Jaycee, aunque este negó conocerla, versión confirmada por la madre, Terry Probyn. Así, desde el inicio, la policía se vio orientada hacia pistas equivocadas.
Mientras tanto, Jaycee —aturdida y aterrorizada— llegó a su destino: la casa de Phillip Garrido y Nancy Bocanegra en Antioch, condado de Contra Costa. Phillip era un delincuente sexual reincidente, cuya historia previa estuvo marcada por episodios de violencia y abuso. De joven, sufrió un accidente de moto que lo volvió adicto a calmantes y LSD. Desde los 21 años, acumulaba denuncias y condenas por violación, secuestro y amenazas. A los 25 años, fue arrestado en Nevada tras violar a una joven durante horas. Por ese delito recibió una condena de cincuenta años de prisión, aunque logró la libertad condicional después de casarse con una enfermera, Nancy Bocanegra, a quien conoció en la cárcel.
La relación de Nancy con Garrido estuvo marcada por la complicidad y el sadismo. Según se conoció durante la investigación judicial, ella disfrutaba de las inclinaciones pedófilas de su marido y lo alentaba, participando en la grabación de niños en plazas para el consumo sexual de Phillip. La pareja, lejos de disuadir esa conducta, tomó una decisión: secuestrar a una niña como “regalo” para Phillip, lo que finalmente ocurrió con Jaycee.
Durante los primeros días de cautiverio, Jaycee permaneció esposada a una cama. Nancy se encargaba de alimentarla y solo la liberaba cuando era imprescindible. El quinto día, Phillip Garrido la violó por primera vez, un abuso que se repetiría durante largos años. Los captores le permitían ver dos series de TV: La doctora Quinn y Who’s the boss?. Eligieron el nombre de un personaje de la última de las series para bautizarla: la llamaron “Alyssa”, dejó de ser Jaycee. La primera de las series le sirvió para aprender a cuidar niños: es que producto de la violación, dio a luz a su hija Ángel a los 14 años, y a Starlet a los 17.
El ambiente de encierro se fue modificando gradualmente. Jaycee pasó de estar esposada a tener cierta movilidad dentro de la vivienda, y más tarde cierta libertad en el patio y, luego, en las calles del barrio, siempre bajo vigilancia y amenazas de represalias contra ella y sus hijas si desobedecía.
Cadenas, primero de metal y luego mentales, aseguraron la sumisión de Jaycee, quien terminó por depender psicológicamente de sus victimarios. El entorno tampoco ayudó: cuando la policía visitaba la residencia para controlar a Garrido, él presentaba a Jaycee como su “sobrina” y a las niñas como a sus hijas, hecho que nunca levantó sospechas pese a la obvia falta de parecido de las pequeñas con la esposa del secuestrador y supuesta madre.
Mientras Jaycee era sometida por Garrido, la familia Dugard no cesó la búsqueda de la niña. Distribuyeron camisetas con su foto, organizaron campañas y se escribieron canciones dedicadas a ella. La investigación falló ya que durante las visitas policiales al domicilio de Garrido —que sumaron decenas—, nunca detectaron señales que vincularan a “Alyssa“ con la niña que estaba siendo buscada desesperadamente por la familia. “Vivía en mi propio mundo. El abuso físico es todo lo que conocía, pero, a medida que pasó el tiempo, me acostumbré a todo tipo de cosas”, relató Jaycee tras su liberación.
Las niñas concebidas por la violación de Garrido crecieron creyendo que Nancy era su madre. Jaycee nunca reveló la verdad hasta después de su liberación, pues consideraba que era una forma de protegerlas del verdadero horror. A pesar de contar con acceso a un teléfono, una computadora con internet y contacto eventual con clientes en el negocio de imprenta que Garrido había abierto, Jaycee nunca se atrevió a pedir ayuda, convencida de que no podría proteger a sus hijas en caso de intentarlo.
El final del cautiverio llegó por una concatenación de hechos aparentemente triviales. El 24 de agosto de 2009, Garrido- transformado en pastor- decidió visitar la Universidad de Berkeley para solicitar el uso del campus para una actividad religiosa.
Allí, la asistente social Lisa Campbell, empleada de Berkeley, notó un comportamiento inusual en las dos adolescentes que lo acompañaban y sospecharon la existencia de un posible caso de abuso. Además, observaron un moretón en el ojo de una de ellas. Decidieron contactarse con la policía, que finalmente accedió a antecedentes de Garrido y descubrió que había sido condenado por violación y estaba en libertad condicional.