Aviones Poseidón de la Fuerza Aérea de EEUU cruzan los cielos del Caribe, rozando las fronteras de Venezuela, que sigue siendo castigada por la narcodictadura de Nicolás Maduro.
El vuelo de estas potentes aeronaves no es un ejercicio cualquiera; es el eco de una severa advertencia para la mafia que ha destruido y saqueado al país.
Simultáneamente, más de 4.000 infantes de marina estadounidenses han sido desplegados con la misión expresa de acabar con el Cartel de los Soles —una red de narcotráfico que el propio Maduro y su cúpula han tejido— tan pronto reciban la orden.
Este movimiento militar envía un mensaje inconfundible: la paciencia de la población y del mundo se ha agotado ante un régimen que ha sumido a Venezuela en la miseria y el terror.
Por ello, los expertos coinciden en que no se trata solo de una operación antidrogas; es un ultimátum a una tiranía que lleva 26 años oprimiendo a un pueblo que resiste con todas sus fuerzas.
Entienden que Venezuela no es solo un país; es un símbolo de la devastación que un régimen autoritario y criminal puede infligir.
Maduro ha consolidado un narcoestado donde la corrupción es la ley, el hambre una política de Estado y la represión la respuesta ante cualquier atisbo de disidencia.
Mientras los venezolanos mueren de mengua en hospitales sin medicinas o huyen en masa por fronteras hostiles, Maduro y sus aliados se enriquecen con la corrupción, el tráfico de drogas y el saqueo de los recursos naturales.
Los aviones de la patrulla marítima, los barcos y la tropa, con su capacidad para vigilar cada rincón del Caribe, así como la organización de las comunidades dentro del país, no solo persiguen cargamentos ilícitos; son un recordatorio para Maduro de que su tiempo se ha agotado.
La narcodictadura de Maduro no es solo un problema venezolano; es una afrenta a la dignidad humana.
Ha destruido la economía, con una hiperinflación que pulverizó los sueños de millones de ciudadanos.
Ha silenciado voces mediante asesinatos, cárceles, torturas y exilios forzados.
Ha convertido a Venezuela —antiguo faro de prosperidad— en una nación en ruinas.
Cada día que Maduro permanece en el poder es un día más de sufrimiento para un pueblo que clama por libertad.
¡Ya basta!