A mediodía del lunes, diez mujeres yacían en colchonetas apoyadas sobre barricadas policiales, adormecidas por la deshidratación y con más de 50 horas sin comer. Se sumaron a la huelga de hambre que ya habían iniciado los presos políticos por cuya libertad claman. Tras más de un mes de vigilia, las carpas se han multiplicado en los alrededores de la llamada Zona 7, un comando de la Policía Nacional Bolivariana en Caracas, y la protesta ha ido en aumento. Es la única cárcel que han visitado algún representante del Gobierno. Allí, hace diez días, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, sostuvo un inusual encuentro con familiares de presos políticos y aseguró que todos saldrían libres, a más tardar el viernes pasado, con la ley de amnistía aprobada. La promesa, sin embargo, ha quedado en suspenso.
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