
Lo mejor que le ocurrió a Venezuela en los últimos 25 años fue la intervención norteamericana del pasado 3 de enero. Con la totalidad de sus instituciones al garete, incluida su otrora poderosa fuerza armada, el ejército norteamericano penetró sin mayores obstáculos en territorio venezolano.
Como consecuencia de ese hecho, Venezuela en la práctica se encuentra bajo un tutelaje militar, político, económico y, en las próximas semanas, en una permanente vigilancia financiera para controlar la vida administrativa del fallido Estado venezolano.
Guste o no esta es la cruda realidad que vive la moribunda república, donde el soporte de su estructura jurídica es frágil o inexistente, tanto para el ciudadano como para el sistema empresarial. De entrada, se nota una velada presencia del Estado norteamericano, pero a medida que transcurren los días, y con la llegada de asesores de seguridad, agentes federales de finanzas e incluso, asesores militares y de inteligencia, como el FBI, la DEA y la CIA, se evidencia el control total del país caribeño. Y los gringos llegaron al territorio venezolano para quedarse por un buen rato, posiblemente más de 5 años.
En tanto, el oficialismo mediocre y la oposición desunida dirigen sus pasos a lo único que creen es la solución: embochinchar al país con elecciones en el corto plazo. Semejante mentalidad cortoplacista es muestra de la incomprensión sobre la magnitud de lo ocurrido en enero pasado. Porque la acción ejercida por los EEUU (el “chancletazo por el trasero”), no es tanto una decisión del gobierno como sí una planificación, cuidadosamente estudiada y diseñada por la Estrategia de Seguridad Nacional del Estado Norteamericano y ejecutada por el Pentágono, lo que indica que son decisiones mucho más complejas, donde el Estado norteamericano y sus instituciones de geopolítica estratégica, política diplomática, militar, financiera ¡TODAS!, están alineadas a muy largo plazo bajo una sola orientación: controlar un territorio que en la actualidad y por mucho tiempo, está bajo administración y vigilancia de los Estados Unidos de Norteamérica. Para esta eventualidad no existen, ni constituciones regionales ni leyes internacionales que defiendan a estados fallidos que han sido penetrados por el crimen organizado y los tentáculos del narcotráfico y el terrorismo internacional. Este es el caso de Venezuela.
Sea bajo dominio militar, parcial y momentáneo, de tutelaje, sea como protectorado, como Estado libre asociado o como Estado incorporado a la Unión Americana, Venezuela está, a partir del 3 de enero de 2026, bajo control militar de EEUU. Y mientras a lo interno las diferentes fuerzas políticas pierden el tiempo en discusiones estériles pidiendo elecciones en el corto plazo para, supuestamente, salir del embrollo donde ellos mismos, por acción directa o por omisión, permitieron que el país se deslizara en la ingobernabilidad para devenir en crisis permanente y en Emergencia Humanitaria Compleja, el país y sus ciudadanos han terminado, unos huyendo para salvar sus vida y otros resistiendo en una “expresión geográfica” que se convirtió en territorio de nadie, invadido y saqueado por Cuba, Rusia, China e Irán, y por las mafias con mentalidad de pulperos que conforman la economía privada nacional.
Ahora estamos frente a la cruda y demoledora realidad: el territorio de un país fallido que está siendo monitoreado “a control remoto” mientras convenga arriesgar lo menos posible a nacionales del “otro” país. Y mientras ello ocurre, los nacionales de “este” país sienten, día a día, al menos cierta seguridad y luz al final del túnel, por cambios que van solucionando progresivamente sus maltrechas vidas.
Si se hace un registro estadístico al venezolano de estos días se sabrá que la generalidad de la población está de acuerdo que el Estado norteamericano termine controlando el territorio nacional. Porque el desorden en el deslegitimado gobierno del fallido Estado es demasiado grotesco, obsceno, peligroso y evidente. Lo que el ciudadano común grita a los cuatro vientos es la urgencia en la solución de sus problemas más apremiantes: seguridad personal, aumento de sueldos y salarios, aumento de su pensión, seguridad alimentaria, seguridad sociosanitaria y mejoras educativas. Después pensará y discutirá sobre elecciones y anexiones: como protectorado, estado libre asociado o estado pleno y de derecho de la Unión Americana.
En las circunstancias actuales de Venezuela, resulta conveniente la presencia norteamericana controlando la administración del fallido Estado y su territorio. Conviene porque garantiza, a mediano y largo plazo (lo estimo en más de 5 años), tanto la seguridad de sus ciudadanos a través de la reinstitucionalización de las fuerzas militar-policiales, el sistema jurídico y estado de derecho, el control de su economía y finanzas, y de un tema que pocos están considerando: la recuperación y control real sobre la franja del territorio Esequibo que, por la fuerza militar o bajo acuerdos político-diplomáticos, beneficie a EEUU y a la nación y sociedad venezolana. Porque no es lo mismo discutir un asunto que supone mostrar fuerza política, diplomática y, sobre todo, militar, bajo la protección de una potencia como EEUU, que mostrar colmillos con caries de ineptos políticos y diplomáticos, y con una fuerza militar en ruinas como la venezolana. Además, mantenerse bajo el control y amparo del Estado norteamericano, por cualquiera de las orientaciones expresadas, resulta una fortaleza institucional a largo plazo: fortaleza militar, fortaleza económica, fortaleza monetaria, fortaleza financiera, fortaleza institucional, fortaleza ciudadana. En fin, hasta se fortalecerían lazos educativos, científicos, culturales y deportivos por intercambios permanentes, de profesionalización, perfeccionamiento, capacitación y actualización con la primera potencia mundial.
El riesgo de ser absorbidos, como territorio administrado por el Estado norteamericano lo corrieron países como Japón, Corea del Sur, Alemania o Panamá. Pero al cabo de varios años bajo tutela y control norteamericano estas naciones resurgieron como estados libres, democráticos, con gobernanza efectiva y eficiente, y con independencia política, económica y militar.
Venezuela en la actualidad es un Estado fallido, militarmente débil, sin instituciones creíbles, con un “marco jurídico opaco” que no garantiza la inversión del capital internacional y con una población cercana a los 10 millones en el exilio, y el resto de los ciudadanos “prisioneros” en la atroz subalimentación y la diaria tortura de la incertidumbre por sobrevivir un día a la vez.
Este salvavidas que lanza EEUU tiene sus costos, indudablemente, pero es lo único viable y realista que hemos recibido en mucho tiempo de padecimiento, tortura, hambre y humillación.
(*) camilodeasis@gmail.com X @camilodeasis IG @camilodeasis1
