
El escenario internacional atraviesa uno de sus momentos más tensos desde la Guerra Fría. Con Rusia lanzando amenazas nucleares, Ucrania en conflicto abierto y la OTAN midiendo cada movimiento, el Reino Unido responde con una estrategia que parece escrita para la historia. Sir Keir Starmer, primer ministro británico, presentó un plan de rearme que busca no solo reforzar la seguridad nacional, sino proyectar al país como una potencia militar decisiva en Europa.
Por: Gizmodo
Reino Unido entra en una nueva era de defensa
El anuncio llegó acompañado de cifras y promesas que evocan los días más oscuros del siglo XX. Doce submarinos nucleares se sumarán a la flota británica en un calendario férreo: uno cada dieciocho meses, con una inversión que roza los 15.000 millones de libras. No se trata únicamente de disuasión marítima: fábricas de municiones, armas de largo alcance y sistemas de defensa antimisiles dibujan un país decidido a blindarse.
Starmer habló de “un ejército diez veces más letal en 2035”. La frase, más allá de su resonancia mediática, refleja un viraje radical: todas las fuerzas armadas del Reino Unido deberán integrarse bajo un objetivo común, la preparación para una guerra de gran escala.
Submarinos nucleares y fábricas: industria al servicio de la guerra
El plan británico no solo refuerza la defensa: transforma la economía. Miles de empleos surgirán en torno a las nuevas fábricas de armamento, mientras la industria naval multiplica esfuerzos para sostener la construcción de submarinos de propulsión nuclear. La innovación tecnológica se convierte en un eje de supervivencia, con desarrollos que buscan mantener el ritmo de las guerras contemporáneas.
El Reino Unido se proyecta como una nación “blindada”, capaz de sostener la defensa propia y al mismo tiempo convertirse en motor industrial de la OTAN. Esa alianza, de hecho, está en el corazón de la estrategia: Londres asegura que nunca luchará solo, pero tampoco se resigna a depender exclusivamente de otros aliados.
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