La embarcación Maguro arriba a la terminal de Cruceros de La Habana ondeando tres banderas: la palestina, la cubana y una blanca. Es la flotilla del convoy Nuestra América, una delegación de las izquierdas europeas para traer ayuda humanitaria a una isla “asfixiada” por un “bloqueo genocida” de Estados Unidos, con más de 60 años de historia y agudizado desde enero. “Abajo el imperialismo. Viva la solidaridad entre los pueblos”, vitorean medio millar de activistas, la gobernadora de La Habana y miembros del Comité Central del Partido Comunista. Aquí vieron amanecer esperando su llegada, retrasada por mal clima desde el viernes. En una esquina de la terminal, una anciana se quita las gafas para secarse las lágrimas. “Esta gente se juega la vida por nosotros, por ayudarnos”, celebra emocionada.




