
Ambivalente puede ser el adjetivo que mejor describa la tensa relación entre Estados Unidos y Venezuela en los últimos meses. Desde la geopolítica, el presidente Donald Trump, junto a su secretario de Estado, Marco Rubio, han sido tajantes en enfrentar al régimen venezolano, desde que, el pasado 14 de julio, declararan al mandatario venezolano, Nicolás Maduro, como líder del Cartel de Los Soles, mientras que le brinda un gran auxilio económico, al permitir que Chevron opere en el país tricolor y genere divisas millonarias con la producción de un cuarto del petróleo nacional.
La llegada de tres destructores a las costas del Caribe, próximas al territorio venezolano, el pasado 19 de agosto, y la recompensa de US$50 millones por Maduro indicarían que el régimen venezolano estaría cada vez más cerca de caer.
Así, el precio por el supuesto líder de uno de los cárteles más grandes del planeta sería el más alto jamás pagado por una recompensa, tras doblar los US$25 millones por el jefe terrorista de Al Qaeda, Osama Bin Laden, tras el atentado a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001.
El senador republicano Bernie Moreno comparó la cifra de recompensa de Maduro con la de Bin Laden. “Tenemos una recompensa de US$50 millones por la captura de Maduro, el doble de la que teníamos por Osama Bin Laden. No vamos a tolerar a un narcoterrorista que haga daño a EE.UU.”, destacó. Por la misma vía, el parlamentario demócrata, Rubén Gallego, comentó: “vamos a hacer nuestro máximo esfuerzo para crear una situación que saque a Maduro”, durante el Congreso Empresarial de la Andi, que se llevó a cabo en Cartagena.
En los mares hay 4.000 marines rodeando a Venezuela. Sin embargo, así parezcan muchos, para los analistas no serían suficiente, por sí mismos. El internacionalista John Mario González comentó que “con 4.000 hombres sería muy difícil pensar en una intervención para deponer al dictador. Es posible que Estados Unidos cuente con sectores en las fuerzas venezolanas dispuestos a remover a Maduro”.
Vale la pena destacar que la operación para derrocar a Manuel Antonio Noriega, líder en Panamá entre 1983 y 1989, requirió de 26.000 soldados, cuando el país centroamericano tiene una extensión de 75.517 kilómetros cuadrados, mientras que Venezuela cuenta con más de 916.440: es decir, el territorio que controla Maduro es más de 12 veces que el que controlaba Noriega, al momento de la intervención.
Como respuesta a la presencia estadounidense en el Caribe, el presidente venezolano ordenó el despliegue 4,5 millones de milicianos. Este número generó inquietudes entre los expertos y la comunidad internacional, ya que, según las últimas estimaciones, que datan de 2020 (último periodo con cifras), el pie de fuerza venezolano llegaba a 343.000. Asimismo, su gasto militar sería de 0,5% del PIB, de acuerdo con los datos más recientes del Banco Mundial.
Aprieta, pero no ahorca
En la opinión pública, hay sectores confiados en que esta operación sería el final de régimen de Nicolás Maduro. Sin embargo, el mandatario venezolano cuenta con una gran ayuda, proveniente de Estados Unidos. El pasado 24 junio, las autoridades norteamericanas suspendieron la revocatoria a la licencia de la petrolera estadounidense Chevron, que se aprobó el 27 de mayo.
Esta operación, que podría no ser tan rimbombante como el despliegue militar, le da un respiro económico a Maduro, propiciado directamente por EE.UU., para financiar su defensa. La operación de Chevron en Venezuela deja US$6.000 en ingresos.
Al comparar esta cifra con el precio por el líder chavista, la recompensa por Maduro representa 0,83% de los ingresos de la petrolera norteamericana en la nación sudamericana. En cuanto a recaudo, la operación de Chevron significó US$4.000 millones en impuestos a la Tierra de Gracia, como se le conoce al país, desde épocas de la Colonia.
Para Venezuela, la presencia de la petrolera norteamericana le representa 23% de su producción de crudo a nivel nacional. Al día, Chevron saca 240.000 barriles, lo que impulsará, según las proyecciones, un crecimiento de 17% en el rubro de hidrocarburos del vecino país. Mientras tanto, se prevé que la economía venezolana crecerá 9% con la presencia de la empresa de los Estados Unidos.
Para Manuela Jiménez, analista asociada de Control Risks, dijo que “la estrategia de Estados Unidos hacia Venezuela se mueve en dos frentes. Por un lado, con el respaldo del enviado especial de Trump, Richard Grenell, Washington ha explorado el diálogo con el gobierno de Maduro, principalmente para asegurar los intereses estadounidenses en el sector petrolero venezolano. Este enfoque responde a la política de ‘América Primero’, que prioriza las ganancias económicas y los acuerdos energéticos favorables en el extranjero”. (…) Es probable que tanto ambos continúen condenándose públicamente, mientras mantienen discretamente ciertos vínculos económicos”.
De acuerdo con González, “el despliegue militar en el Caribe va en contravía de cualquier iniciativa de acercamiento con el régimen, incluida la licencia petrolera, aunque no es precisamente un oxímoron, sino que la licencia y cualquier negociación están subordinadas a los intereses estratégicos de EE.UU. y a las contingencias”.
Optimismo moderado
Los senadores Bernie Moreno y Rubén Gallego, en medio de su visita a Colombia, fueron muy positivos con poder derrocar al régimen de venezolano. El senador republicano mencionó que “ha sido frenada por líderes como Maduro”.
En ese sentido, Moreno reiteró que “la gente de Venezuela merece un líder” y aseguró que su país “hará lo que sea necesario” para prevenir el tráfico de drogas y fortalecer estabilidad regional. Los analistas coinciden, en parte, con los senadores.
Lea más en La República de Colombia