22.1 C
Miami
viernes 20 de febrero 2026
VenezolanosHoy
Juan Guerrero:Opinión

Juan Guerrero: El mar de la felicidad

La frase que da nombre al artículo significó para el común de los venezolanos una absoluta ruina económica y espiritual bajo la estrecha vinculación, entre Cuba y Venezuela. Fue en la época del ex presidente Hugo Chávez Frías, que se creó y relacionó con la idea de fusionar en un solo Estado los dos países. Claro está que esta fusión estaría liderada por el castrismo y su capital se fijaría en La Habana. 

El “mar de la felicidad” significó en la práctica la intromisión (invasión disfrazada) de poco más de 40 mil cubanos castristas bajo el llamado “internacionalismo” que oficialmente, y aceptados bajo documentación del Estado venezolano, llegaron camuflados de médicos, enfermeros, asesores deportivos, culturales y hasta de texistas. Estos últimos verdaderos agentes secretos al servicio del Estado cubano.

El gobierno de Chávez instaló un cable submarino para acercar las relaciones con La Habana. De esa manera se inició una transferencia de datos a la isla caribeña donde la población venezolana fue identificada, con “pelos y señales”, en base de datos secretas. Para su control, el gobierno chavista entregó al castrismo los servicios más sensibles de la seguridad nacional: identificación de datos de los ciudadanos, registros y notarías públicas, servicios portuarios y aeroportuarios, control de la seguridad militar y policial, entre otros sectores de extrema seguridad nacional. Tal ha sido la entrega que las olas del mar de la felicidad cubrieron hasta la propia seguridad personal del último presidente chavista, Nicolás Maduro Moros, controlada por cubanos, como ha sido del dominio público, notorio y comunicacional.

De otra parte, el gobierno del Estado venezolano fue entregando inmensos territorios, sea por vía de hecho como por acuerdos firmados con empresas trasnacionales, rusas, chinas e iraníes. Se observa en los espacios geográficos que grupos del narcotráfico, minería ilegal, guerrilla colombiana y terrorismo internacional, mantienen en las fronteras de Colombia, Brasil y Guyana.

Lo anterior se indica como respuesta a las afirmaciones que circulan según la cual el Estado norteamericano ha “profanado el sagrado suelo patrio”. Ello, que ciertamente ocurrió el 3 de enero, es consecuencia de un acontecimiento que era inevitable, dada la fragilidad en la seguridad de un territorio que se encuentra, todavía, “a la buena de Dios”, sin gobierno efectivo que vele por la seguridad de sus ciudadanos.

Lo que está ocurriendo es un proceso donde el gobierno norteamericano decidió, bajo la fuerza de las armas, y para evitar el desencadenamiento de la llamada “brisa bolivariana” (que ya se sentía, con oleadas de inmigración ilegal planificada, atentados de grupos delincuenciales en suelo norteamericano), optó por extraer a uno de los cabecillas, el más simbólico y representativo, de esta descomunal red de redes.

En la actualidad lo que se observa es el tutelaje de un Estado, el más fuerte militarmente, que impone su control y gradualmente va penetrando mientras se juegan papeles de diferentes roles, entre ellos los políticos y económicos. La decisión del Estado norteamericano, bajo diseño del Pentágono, no es solo una decisión de gobierno como se ha querido publicitar. Porque cuando mencionamos “Pentágono” se debe asumir que es una decisión de Estado, que va mucho más allá de una decisión de gobierno, en este caso del que preside Donald Trump. Esto significa que los Estados Unidos de Norteamérica, con la estructura más compleja de pensamiento-acción, el Pentágono, lo ha estado analizando desde hace varios años. Para ello se ha estado documentando con sus diferentes agencias y servicios de investigación. De tal manera que esto que está ocurriendo en Venezuela no es una simple decisión de un presidente que ha querido quitarse de encima un dolor de cabeza. Es una decisión mucho más compleja que involucra, tanto seres humanos que arriesgaron sus vidas, como bienes y servicios, complejos sistemas militares, como barcos de gran calado, aviones de última generación, sistemas ultra complejos de comunicación, entre otros pertrechos bélicos.

Esto significa “inversión”, tanto de seres humanos como de costos económico financieros que deben ser retribuidos, en el mediano y largo plazo. Conclusión: los Estados Unidos de Norteamérica llegaron a Venezuela para quedarse, sino para siempre, por lo menos por un plazo perentorio, de entre 2 a 5 años, quizás más. Este tiempo viene calculado en función de la producción a gran escala que debe esperarse en la industria petrolera, en primer lugar, como en la productividad que ocurra en los otros sectores de la economía, la industria del hierro, del acero, del aluminio, la bauxita, el oro, y la producción a gran escala de los llamados minerales estratégicos y de tierras raras. Así como en el reordenamiento del tablero geoestratégico mundial, donde Venezuela, como parte del hemisferio occidental, está bajo el radar de los Estados Unidos.

Mientras ocurren estos acontecimientos en la estabilización económico financiera vemos como van llegando los agentes que están directamente involucrados en el tutelaje: la representante diplomática que llega de manera casi informal y de inmediato se instala en su bunker. También el mismísimo jefe de la Agencia Central de Inteligencia, recibido en Miraflores con alfombra rojo. O recientemente el propio jefe del Comando Sur, que llega de improviso, sin aviso y sin protocolo, junto con un equipo armado, uniformado y con insignias, como arribando a su propio “suelo patrio”, bajo la mirada silenciosa de unos militares venezolanos que les abren las puertas de par en par.

En fin, que la tutela del Estado norteamericano en tierras venezolanas es evidente y tendrá sus efectos, y también durará algún tiempo. En todo caso, “algo” aprendimos en épocas pasadas cuando llegaron los “gringos” y se instalaron, con sus técnicos, equipos, sistemas y taladros en las zonas petroleras y desarrollaron una pujante industria del petróleo que después heredamos. Al fin y al cabo, con ellos no nos ha ido tan mal como nos fue con los cubanos castristas, con los chinos, rusos o iraníes.

 

(*) camilodeasis@gmail.com  X @camilodeasis  IG @camilodeasis1

  

Related posts

Caricaturas de este jueves 19 de febrero de 2026

Prensa venezolanoshoy

Marcos Hernández López: Transformar la mentira en la verdad, arriba la libertad expresión

Prensa venezolanoshoy

Milagros Socorro: Volver con grillete

Prensa venezolanoshoy