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sábado 30 de agosto 2025
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José Gregorio "El Gato" BriceñoOpinión

José Gregorio «El Gato» Briceño: Por los cuatro costados – No tienen escapatoria

Definitivamente la estabilidad y la perdurabilidad de un sistema de gobierno dependen de su capacidad para aceptar y gestionar las diferencias, la diversidad de opiniones y la disidencia.  Es justo reconocer y aprender después de más de 2 décadas de dictadura pura y salvaje, que los partidos políticos se esmeran solamente en promover  la polarización y la intolerancia, es su objetivo, por eso, como parte del examen de conciencia que hago pensando en cómo lograr formas de gobierno que promuevan la inclusión, la tolerancia y el respeto por la discrepancia, busco ese equilibrio.

Para América Latina es urgente especialmente el logro de un sistema que se sostenga en el tiempo, debe ser capaz de absorber y procesar las críticas y las objeciones, sin caer en la imposición ni en la persecución de quienes piensan diferente, Durante los últimos 20 años hemos visto como la mayoría de los países de nuestra región han tenido un sinfín de intermitencias entre los intentos de comunismo y la democracia, siendo Cuba, Nicaragua y Venezuela los que llegaron a profundizar el más perverso de los sistemas de gobierno basado en la represión la barbarie, el malvivir y la destrucción. Solo así podremos construir una sociedad más parecida a los países del norte de Europa con una gestión más justa, más equitativa y más perdurable, lo que le genera estabilidad de todo tipo a su sociedad, estaría nuestra gente mucho más tranquila para invertir, para estudiar, para hacer una vida sin sobresaltos extraordinarios como los  que vive cada venezolano aquí desde hace mucho tiempo, ya que sólo le preocupa sobrevivir. Reflexiono sobre esto visto que nuestros vecinos países aliados del narcoterrorismo ven suficientes señales de que sus socios están peor de lo que ellos pensaban, que de un día para otro parecen no estar tan alineados con tanta barbarie.

Llegan momentos en los que prefieren marcar distancia y evitar ser metidos en el mismo saco por los organismos internacionales y no quieren verse involucrados en los mega chanchullos de esta saga heredera del traidor mayor, hoy felizmente difunto.

En el caso de nuestros vecinos más fraternos, no hay lugar a dudas de que el ex guerrillero y actual presidente de Colombia, Gustavo Petro, se ha convertido en uno de los principales aliados políticos del narcoterrorista Nicolás Maduro, pero por lo que vemos, es de la boca para afuera. En estos días una jugada de este parásito bueno para nada sorprendió a propios y extraños, ya que Petro afirmó recientemente que varios grupos de la guerrilla colombiana están operando dentro de Venezuela con la complicidad de quienes hoy usurpan el poder en Caracas. Se trata de una declaración contundente que deja al descubierto, una vez más, la podredumbre del narcorégimen chavista y la red criminal que mantiene secuestrada a nuestra amada Venezuela.

La noche del pasado martes, durante una reunión del Consejo de Ministros en Bogotá, Petro insistió en su denuncia sobre la presencia activa de la Segunda Marquetalia y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en territorio venezolano. En un tono inusual para quien ha tendido puentes con el chavismo, señaló: “Diosdado dice que en Venezuela no están, sí están. Lo que he hecho es invitarlos a sacarlos, coordinando”. Con estas palabras, el presidente colombiano desmintió directamente al narcocapo ministro de represión y asesinatos, Diosdado Cabello, quien horas antes había intentado desestimar las acusaciones asegurando que “nuestras fronteras están resguardadas al extremo” vaya que ironía.

Pero Petro fue más allá. En un gesto que podría interpretarse como presión política, habló de una eventual salida de Nicolás Maduro del poder: “Yo voy a pasar aquí, Maduro va a pasar, cualquiera que sea el año, El mío está fijado por la Constitución, nosotros nos vamos el 6 de agosto, el 7 ya salimos de aquí”. Aunque ambiguas, estas frases han sido interpretadas como un reconocimiento de que la narcotiranía atraviesa un ciclo de desgaste que tarde o temprano llegará a su fin.

Mientras tanto, esa misma noche del martes, un hecho inusual encendió las alarmas en Venezuela y generó especulación política y militar. El avión presidencial de Nicolás Maduro, matrícula VCV3502 de Conviasa, despegó con destino a La Habana, Cuba, pero tras realizar un extraño recorrido en círculos terminó regresando inesperadamente al Aeropuerto Internacional de Maiquetía.

El incidente monitoreado por observadores de tráfico aéreo, abrió de inmediato un abanico de interrogantes: ¿Se arrepintió Maduro en pleno vuelo? ¿La aeronave fue obligada a retornar por protocolos de seguridad? ¿Se trató de una prueba de radares por parte del Comando Sur de Estados Unidos? La falta de información oficial no hizo sino alimentar las teorías. Algunos analistas lo interpretan como una maniobra de seguridad ante el temor de un ataque o una interceptación; otros lo asocian con el creciente cerco diplomático y militar que enfrenta la narcotirania en el plano internacional.

Lo cierto es que la coincidencia entre las declaraciones de Petro y el extraño episodio del avión presidencial deja claro que el tablero político de la región se está moviendo. El chavismo, pese a sus intentos de mostrarse sólido, atraviesa una etapa de incertidumbre que combina presiones externas, fracturas internas y un rechazo popular inocultable.

Desde la cárcel del exilio estoy convencido de que la historia enseña que los regímenes autoritarios suelen desmoronarse cuando menos se espera. Y aunque nadie puede predecir la fecha exacta, lo que sí está claro es que Venezuela está viviendo un reacomodo de fuerzas que, en última instancia, podría abrir la puerta a un nuevo ciclo político. Lo importante es que, poco a poco, comienzan a suceder cosas que juegan a favor de la libertad.

Como todo comunista sus incoherencias nunca faltan, la semana pasada Petro afirmó que Maduro tendría el apoyo militar de Colombia en caso de una intervención militar de los EE.UU en Venezuela pero, son más los hechos de rechazo hacia su pana cucuteño ya que el ministro de Interior colombiano, Armando Benedetti, negó este miércoles que exista algún tipo de acuerdo de cooperación militar con el régimen de Nicolás Maduro y Petro no ha abierto la boca.

Durante una comparecencia de control político en la Comisión de Ordenamiento Territorial del Congreso, Benedetti fue enfático: «Quiero dejar claro (…) aquí no hay nada, ningún acuerdo militar. Ni siquiera de cooperación conjunta militar. No hay absolutamente rastro de que haya evidencia de que eso sucede». El culillo es libre, dejaron solo al capo de Maduro y su pandilla.

Paralelamente a todo esto sabemos que la movilización militar de los EE.UU hacia las costas venezolanas tiene un costo muy elevado para la economía de los Estados Unidos de Norteamérica y soy de los venezolanos que cree ciegamente que no se derrocha ese costo para ejercer amedrentamiento, los tumbarán y atraparán de cualquier forma o salen con los pies hacia delante, será cuestión de tiempo y paciencia.

Esta partida de ajedrez tiene al narcochavismo amenazado por los cuatro costados, falta poco para el jaque mate  que nos traiga la libertad y la alegría de poder reconstruir nuestro terruño amado.

Sin bajar la guardia ni dar todo por hecho seguimos, sin pausa atacandolos y haciendo lo posible por arrancarlos del poder con acciones y con MI PLUMA Y MI PALABRA.

José Gregorio Briceño Torrealba

X  @josegbricenot

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gatobriceno.blogspot.com

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