Iván Cepeda pretende convertirse en presidente el próximo 31 de mayo, sin llegar a una segunda vuelta, pero se recuerda a sí mismo que no debe ser triunfalista. El candidato recibe a EL PAÍS en su luminoso apartamento de un barrio bogotano de clase alta en el que merodean sus tres perras chow chow, una de ellas nacida el 19 de junio de 2022, el mismo día que Gustavo Petro ganó la presidencia. Desde su salón se escucha la salsa que sale de las ventanas de un conservatorio pegado a su edificio. Su calle, llena de vehículos todoterreno y escoltas, anuncia que allí vive alguien importante. Pero no están ahí solo por él. A pocos metros de su casa, Abelardo de La Espriella, que le acecha segundo en las encuestas, ha abierto su sede de campaña. “Es maravilloso”, ironiza Cepeda. Pero asegura que no compite contra De la Espriella. Tampoco contra Paloma Valencia, a quien también considera de ultraderecha. “Nuestro enfrentamiento es contra Uribe”, advierte.


