
Luego de más de dos años de seguimiento investigativo, las autoridades colombianas y estadounidenses lograron desmantelar una red de narcotráfico que operaba desde la costa Caribe y extendía sus rutas hacia Estados Unidos y el Caribe insular. El resultado se produjo en el marco de la operación «Pompeya», que permitió la captura de tres ciudadanos colombianos requeridos por una corte federal del sur de la Florida por cargos relacionados con conspiración para distribuir cocaína en gran escala.
Las diligencias judiciales se desarrollaron de manera simultánea en Medellín, Guatapé y Cartago. Según las pesquisas adelantadas por la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (Dijín), la estructura tenía vínculos con el Clan del Golfo y el ELN, organizaciones que habrían facilitado la logística de transporte, custodia y salida de cargamentos desde distintos puertos del país.
La investigación estableció que los envíos partían principalmente desde Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. A través de veleros deportivos y contenedores acondicionados con compartimentos ocultos, la organización movilizaba cargamentos que oscilaban entre 200 y 700 kilogramos de cocaína por trayecto. Esta dinámica se repetía hasta dos veces al mes, con destino a la Florida, Puerto Rico, República Dominicana y varios puntos de Centroamérica.
El engranaje criminal incorporó mecanismos de comunicación cifrada, transacciones en criptomonedas y uso de plataformas de la Dark Web para eludir los controles financieros. De acuerdo con las autoridades, el grupo alcanzaba una producción anual cercana a los 10 millones de dosis, lo que representaría ingresos ilícitos superiores a los 23 millones de dólares.
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