
La Venezuela que conocemos en la actualidad no tiene la menor semejanza de aquella del siglo XX. El orden cultural, social, político y económico fue barrido por la barbarie de la llamada Quinta república del socialismo del siglo XXI. La manifestación pacífica realizada por los trabajadores este 9 de abril en Caracas, independientemente de sus justos reclamos, evidencia la naturaleza totalitaria y criminal de un régimen que continúa actuando con lo único que sabe hacer: ejercer violencia para amedrentar al ciudadano.
Frente a una población desarmada, hambrienta y sometida a la diaria incertidumbre de los continuos apagones, escasez de agua y demás servicios básicos, frente a unos partidos y organizaciones políticas de oposición desunidas; es nula la posibilidad de lograr transformaciones reales que permitan un cambio del paradigma del poder en Venezuela. Porque es en el desorden institucionalizado donde mejor se sabe desempeñar el régimen, que hace tiempo perdió legitimidad y desde hace varios años se muestra como organización dependiente de bandas y mega bandas del crimen organizado, sea a escala local, regional, nacional y con estrechas alianzas internacionales.
No hay otra manera de entender semejante fenómeno sociológico y su paradoja de “orden en el desorden” sino comprendiendo su naturaleza caótica genuinamente criminal, que ha escalado hasta controlar el gobierno del Estado venezolano. Y una mega organización criminal solo puede ser enfrentada con una fuerza letal superior. Esto fue lo que ocurrió el pasado 3 de enero. Ese día se demostró que solo con la fuerza de las armas es posible desalojar a estas mega bandas del crimen organizado internacional.
En este orden de ideas, debemos introducir un tema que pareciera estar ajeno a la realidad política y geoestratégica de muchos venezolanos: la guerra en el Medio Oriente y el Nuevo Orden Mundial.
Las continuas alusiones del presidente norteamericano, Donald Trump y sus asistentes, para anexar Canadá, Groenlandia y Venezuela a la Unión americana ya no parecen ser simples referencias en declaraciones públicas. Las tensiones en algunas provincias de Canadá, como Alberta, que está tramitando su desincorporación de la federación y su posible anexión a los EEUU como estado de la Unión. Las tensiones internas en otros países, sometidos a la barbarie del desorden y sojuzgamiento, como Venezuela, Cuba o Haití, muy probablemente van a incrementarse y sus habitantes, desamparados por sus gobernantes, se verán tentados a considerar su adhesión a la Unión americana por la continua violencia, por la carencia de estado de derecho, la nula gobernanza y la fragilidad institucional.
En relación con Venezuela esta posibilidad es mucho más real visto el actual panorama conflictivo internacional. El país pareciera convertirse en la “gasolinera” estratégica de los EEUU y sus aliados, en la medida que el conflicto en el Medio Oriente se agrava. Y la población venezolana, que en la actualidad sobrevive en la anormalidad de un país sin instituciones creíbles ni eficientes, vería como solución concreta el control total del territorio por parte del Estado norteamericano. Guste o no esta es la dura y triste real probabilidad.
El país no va a salir del atolladero actual, ni por el actual régimen ni por los políticos llamados “alacranes” ni tampoco por la oposición mayoritaria, porque esta última carece de unidad y, sobre todo, autoridad funcional frente a los grupos que poseen y controlan las armas de la fracturada y moribunda república.
La única posibilidad real y viable, para “poner orden en el desorden”, es el control total del territorio venezolano por parte de las fuerzas armadas norteamericanas. Esto porque el desorden institucional es de tal magnitud que ya se evidencia la incapacidad en la gobernabilidad y la escaza autoridad del poder del Estado en control de un régimen que “gobierna” con amedrentamiento y violencia institucionalizada. Esto es un hecho público, notorio y comunicacional. Por lo tanto, no es posible la participación efectiva de los grandes capitales, de las agencias serias que manejan las finanzas mundiales, ni de los grandes industriales con sus mega empresas, con un país sumido en el desorden institucional, sin controles administrativos efectivos y donde la conducción del Estado está en manos de personas señaladas por tribunales internacionales, como corruptos violadores de derechos humanos y acusados de crímenes de lesa humanidad.
(*) camilodeasis@gmail.com X @camilodeasis IG @camilodeasis1
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