sábado 30 de agosto 2025
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Omar González MorenoOpinión

¡El miedo de Maduro!, por Omar González Moreno

Maduro tiene miedo. Y no es para menos, hoy más que nunca.
La decisión de Estados Unidos de calificar al Cártel de los Soles como un grupo terrorista y señalar a Nicolás Maduro como su líder debe estar atormentándolo, a él y a todos sus cómplices.
Esta medida transforma por completo el esquema de relaciones y acciones desde la Casa Blanca, ya que autoriza a los estadounidenses a emplear cualquier medio de inteligencia o acción militar contra los cárteles de la droga.
A esto se suma que la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, determinó que Nicolás Maduro es el cabecilla de uno de los principales grupos dedicados al comercio ilegal de estupefacientes.
 Esto implica que, para Washington, Maduro es un objetivo prioritario de seguridad nacional.
Maduro debe estar más asustado que nunca, y con razón.
 En cualquier momento, un grupo comando podría llegar a su puerta y llevarlo a una prisión en Estados Unidos.
Seguramente, Maduro tiene muy presentes los casos de Manuel Antonio Noriega en Panamá, Osama bin Laden y Saddam Hussein en Oriente Medio, o Qasem Soleimani, excomandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, considerado una de las figuras militares más influyentes de Irán.
Nicolás Maduro sabe que la espada de Damocles pende sobre su cabeza y que en cualquier momento podría ser capturado.
Pero el peligro no solo viene de Washington. Cada día, más venezolanos están decididos a enfrentarlo.
La lucha interna es real; la organización ciudadana es real. Con prudencia, con sigilo, pero con firme determinación, los venezolanos se preparan para el momento decisivo, para el fin del régimen.
Maduro sabe que en todo el país crece un sentimiento de cambio, un rechazo contundente hacia él y su régimen.
Sabe que solo se sostiene por el miedo y el respaldo de un grupo de militares cada vez más reducido.
Pero, cuando este apoyo se desvanezca, ¿qué le quedará Absolutamente nada.
Los aires de libertad están cerca.
Maduro no solo es un usurpador del poder en Venezuela, no solo es un violador de los derechos humanos, no solo es un narcotraficante, sino que, además, representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Y eso marcará su fin.
Maduro sabe que su tiempo en el poder se agota. Lo más sensato sería que abandonara la soberbia y se rindiera.
Debería dar el paso definitivo: renunciar al poder, reconocer a Edmundo González Urrutia como presidente de la República y permitir que los venezolanos inicien el proceso de reconstrucción del país.
No hay escapatoria. Es rendirse o terminar como aquellos dictadores que pagaron un alto precio por aferrarse al poder a cualquier costo.
Sin más que agregar, nos leemos la próxima semana.

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