
Lo que parecía un relato de ciencia ficción ahora toma forma en los laboratorios y despachos de científicos de todo el mundo: preservar la vida terrestre fuera del planeta. Un grupo interdisciplinario, liderado por la criobióloga Mary Hagedorn, plantea un plan ambicioso para resguardar células de especies amenazadas en un cráter del polo sur lunar. La idea, tan osada como urgente, responde a una pregunta fundamental: ¿qué pasaría con la biodiversidad si la Tierra no pudiera protegerla?
Por: Gizmodo
Una arca de Noé en el espacio
La propuesta consiste en construir un biorrepositorio en una región permanentemente sombreada de la Luna, donde la temperatura estable de -196 °C ofrece un entorno ideal para conservar material biológico. Allí se almacenarían fibroblastos, tejidos y células de animales en peligro, polinizadores y especies clave para mantener el equilibrio ecológico. No se trata de borrar la crisis de la Tierra, sino de crear un seguro biológico ante el cambio climático, los desastres naturales o la sobreexplotación de recursos.
El plan inicial recuerda al famoso banco de semillas de Svalbard, pero va más allá: ningún lugar en nuestro planeta posee condiciones tan frías y estables como un cráter lunar de seis kilómetros de profundidad.
La trayectoria de Mary Hagedorn
Hagedorn, pionera en la criopreservación de corales, ha dedicado su carrera a combatir los efectos del calentamiento global en los ecosistemas marinos. Tras doctorarse en biología marina y superar un accidente en la Amazonía que marcó su destino científico, se especializó en salvar embriones y fragmentos de coral.
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