Eso recuerda su hija, como una de frase usual de este icono de la música que marca nuestros años más felices,con la salsa, en la impagable generación que desde New York hasta Lima y con fans, bailadores, imitadores y fanáticos llegó hasta Japón. Incansablemente mostró con sus teclas, resistencia y rebeldía
En YouTube se registra desde su callada despedida el pasado 6 de agosto, una catarata de podcasts, recordando sus grandes canciones, virtudes, talento de pianista iconoclasta y sublime y ser humano, inolvidable con su contagiosa salsa melting pot, sus orquestas-trabucos y su legado de campositor, arreglista y maestro.
Lo de Bethoven es solo una boutade, algo que salta de los dedos del pianista a nuestra mente, al verlo magistral y sereno haciendo de sus acordes, legendarios registros en la memoria musical. Su genio premia esta metáfora y sin complejos: enaltece a dos inmortales de las teclas mayúsculas.
“El pianista que había roto las reglas de la salsa. El que había sustituido trompetas por trombones en La Perfecta. El que llenaba salas con solos que parecían interminables, pero que a todos mantenían en vilo…mientras él con la izquierda marcaba la base y con la derecha volaba por el teclado”.
Frases de una hermosa evocación de su hija. Su canción Mi Luz Mayor, dedicada a la su esposa Iraida González, con la que compartió seis décadas, es un testimonio de su gran romanticismo e inspiración, es considerada una obra maestra que sella vida con obra en un bello poema rítmico.
Grabó más de cuarenta discos y recibió 9 Grammies “Eddie Palmieri (nacido el 15 de diciembre de 1936) es un pianista, director de orquesta, músico y compositor estadounidense de ascendencia corsa y puertorriqueña, ganador del premio Grammy . Es el fundador de las bandas La Perfecta, La Perfecta II y Harlem River Drive.”
Es la nota de Wikipedia que consigna su trayectoria. Y más adelante cita el juicio de un experto crítico: Palmieri, es, de todos los pianistas de la Salsa y el Latín Jazz, sin discusión, el más moderno, el más estudioso, el más arriesgado, el más gozón, en una palabra el más revolucionario.
Muchas canciones suenan de fondo al tratar de contar esto como hoja cultural de un momento auspicioso. Arriba pana, un buen trago, pongan la lupita y busquen su preferida. Vámonos pal monte, Azúcar pa tí y Muñeca, son pura cabilla, ricos ecos de añoranzas rumberas. Hoy con mucha más razón, reiteramos ¡Llévatelo y Vayaló!