
La guerra tiene sus propios sonidos. En varios de los lugares de Colombia que más sufren la violencia, como el departamento del Cauca o la región del Catatumbo, en la frontera con Venezuela, los habitantes han aprendido a reconocer el zumbido de los drones. Los grupos armados ilegales los utilizan para lanzar explosivos, cada vez con mayor frecuencia. Ese rumor, que acentúa la zozobra de las comunidades, se ha convertido en la advertencia que los hace correr a buscar refugio.
Por Santiago Torrado | EL PAÍS
Las noticias sobre esos artefactos acondicionados con cargas explosivas se multiplican. Más de un observador teme que el fenómeno adquiera una nueva dimensión después de la caída de un helicóptero antinarcóticos, un confuso episodio que provocó la muerte de 13 policías la semana pasada en Amalfi, una zona montañosa de Antioquia —en el noroeste del país—. Ha sido el peor ataque contra la Fuerza Pública en el Gobierno de Gustavo Petro.
Las primeras versiones apuntaban a que las disidencias de la extinta guerrilla de las FARC encabezadas por Calarcá Córdoba atacaron con drones y aparatos explosivos a los uniformados. Cuando la aeronave tocó tierra, lo hizo sobre una mina. “El lugar donde se posó el helicóptero con éxito, en lo alto de una colina ya había sido acondicionado desde días antes, quizás meses, con cilindros de explosivos enterrados bajo un metro en el subsuelo”, señaló el propio presidente Petro en sus redes sociales.
A la espera de más detalles, las voces de alarma no tardaron en activarse. “Están reapareciendo fenómenos que creíamos habían sido superados, pero tampoco podemos exagerar”, reaccionó Humberto de la Calle, el jefe negociador del Gobierno en el proceso de paz que llevó al desarme de las FARC. “Las antiguas guerrillas trataron mil veces de comprar misiles tierra-aire, y nunca pudieron. Con esto de los drones, me parece que estratégicamente sí estamos en un punto que hay que anular la manera como en el aire estamos siendo objeto de ataques. Eso no había pasado nunca en Colombia”, advirtió.
Los drones se pueden usar para atacar helicópteros, “pero de manera muy limitada”, matiza la investigadora Daniela Gómez, quien fue viceministra de Defensa hasta finales del año pasado. El tipo de drones comerciales adaptados que se usan hasta ahora en Colombia no alcanzan la altura a la que vuela normalmente un helicóptero, por lo que solamente lo puede atacar cuando está despegando o aterrizando, explica. Además, las aeronaves militares solo son vulnerables cuando están en terreno, pues los aeropuertos colombianos tienen inhibidores de señal, que impiden el vuelo de los drones. Esa justamente debería ser la prioridad, subraya, adquirir con urgencia bloqueadores de señal y sistemas antidrones.
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