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domingo 12 de abril 2026
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José Gregorio "El Gato" BriceñoOpinión

Delcy y sus cuentos chinos: La tiranía no se autodesaloja, por José Gregorio «El Gato» Briceño

En la desafiante y ruda realidad sociopolítica de nuestro país todo es inédito e insólito. Suceden demasiadas cosas que no por ser únicas son virtuosas, por el contrario, ha sido una cadena de hechos destructivos, insultantes y vergonzosos a los que nos han sometido estos malnacidos, el traidor mayor, hoy felizmente difunto y sus herederos. Esta chusma miente con descaro, es asombroso lo rápido que olvidan y como por arte de magia, con hacer dos o tres maquillajes al régimen, amén de que ahora son orgullosamente panas de los gringos, se creen gente de bien. Muy difícil y grande les queda ese traje bichos del infierno, que se sienten acorralados pero no renuncian al poder, se reinventan: cambian caras, reparten culpas, prometen (de nuevo) lo que jamás cumplirán y acomodan a sus fichas en los lugares donde más daño pueden hacer. Todo un cuento chino fingiendo como quien está resolviendo el problema que ellos mismos crearon. Es un teatro bastante malo y ya sabemos el final de memoria. La tiranía no se va sola señores, no se confiesa de verdad y desde luego no organiza su propio desalojo.

El pasado miércoles asistimos a una función de equilibrismo político digna de las mejores tragedias griegas, aunque con el sello inconfundible del cinismo tropical. Delcy Rodríguez en un arranque de honestidad que nadie le pidió y pocos le creen, ensayó un «mea culpa» tan transparente como un muro de concreto. Al admitir errores de gestión, no solo lanzó a Nicolás Maduro debajo del autobús de la historia, sino que prometió para el primero de mayo un aumento “RESPONSABLE” de salario. La ironía se cuenta sola. Si el aumento que viene es el responsable, ¿debemos asumir que los anteriores, esos que pulverizaron el estómago del venezolano mientras ella sostenía el timón económico, fueron un ejercicio de irresponsabilidad criminal? Es el mundo al revés: la incendiaria prometiendo apagar el fuego con una jeringa de agua, mientras culpa al fósforo por haberse encendido. Pero el guion de la narcodictadura no aguanta un día de calle. Mientras Delcy ensayaba su cara de preocupación social, Venezuela respondía con dignidad.

La marcha nacional por salarios justos el día siguiente fue la bofetada de realidad que el régimen intentó silenciar con su receta de siempre.

En Caracas, la humanidad del proceso se resumió en ancianos rociados con gas pimienta y periodistas atropellados. Es conmovedor ver cómo un gobierno que se dice «obrerista» asfixian a los abuelos que entregaron su vida al país y que hoy no tienen ni para un blíster de hipertensivos. Para cerrar la semana con broche de oro negro, la Asamblea Nacional terminó de blindar el búnker de la impunidad. La designación de Larry Devoe como Fiscal General no es un error de currículum, es una declaración de guerra a la justicia.

Hablemos claro: Devoe no es un fiscal, es un maquillador de expedientes. Sin trayectoria en la investigación penal ni rastro de autonomía, este es cuadro del PSUV y ficha incondicional de Delcy Rodríguez, ha pasado años perfeccionando el arte de la mentira cínica ante la ONU y la CIDH. Su especialidad es negar lo evidente: las torturas, los presos políticos y la violación sistemática de derechos humanos. Colocar a Devoe al frente de la vindicta pública es como poner al lobo no solo a cuidar a las ovejas, sino a redactar el código de ética del rebaño. Su paso por estructuras como SUNACRIP y la CVG, nidos de la corrupción más rampante, lo avalan no como un jurista, sino como un operador político de alto calibre diseñado para garantizar que la justicia en Venezuela siga siendo un mito. Mi análisis es crudo porque la realidad no admite matices: la narcodictadura se está compactando nuevamente.

Con estas designaciones, el régimen no busca gobernar, busca sobrevivir a cualquier costo. Si la comunidad internacional y específicamente los americanos, no abandonan la política de la contemplación y ponen un freno real, lo que viene no será una transición, sino una mutación hacia un narcoregimen más hermético yferoz que el de Maduro. No hay elecciones en el horizonte cercano porque los tiranos no suelen organizar su propio desalojo voluntariamente. La normalización es la trampa de los ingenuos. Pensando desde la cárcel del exilio ¿Qué nos queda? La tarea no ha cambiado pero el sentido de urgencia sí. Los venezolanos tenemos el deber sagrado de fortalecer nuestras organizaciones políticas, de no ceder el espacio público y de seguir presionando hasta que el costo de mantener la narcodictadura sea mayor que el de entregar el poder.

La libertad no será un regalo de Delcy ni una concesión de sus fiscales de bolsillo, será, como siempre, el resultado de una presión que ellos ya no puedan gasear. Prohibido claudicar. Todo puede cambiar para bien de los venezolanos, para peor es imposible, sigamos con la mirada y los hechos confiando en el proceso iniciado por el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, sin duda en medio de todo, un alivio inmenso y el marco para mejores noticias y hechos. Sin pausa, seguimos organizándonos para la reconstrucción necesaria. ¡Acción y progreso por Venezuela!

José Gregorio Briceño Torrealba
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