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jueves 26 de marzo 2026
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OpiniónWilliam Anseume

De la destrucción universitaria negada oficialmente, por William Anseume 

No más este miércoles, la nueva ministra de educación universitaria, la digna  profesora Ana María Sanjuán, se refirió en términos negacionistas a la realidad de las instituciones universitarias -suponemos que habló de las públicas, obviamente. Me referiré, para el conocimiento de la recién llegada a semejante puesto -quien debe conocer en detalle el primero, porque es doliente del mismo, hasta ahora-, a dos de los temas fundamentales al respecto: sueldos y elecciones rectorales. El espacio y el tiempo no dejan para mucho más aquí y ahora.
Justo ayer se recibió la ni limosna que otorgan como quincena en las universidades. La ministra cobra su «sueldo» regularmente como profesora de la Universidad Central de Venezuela, lo mismo que sus colegas. No se trata de algún aspecto que le sea ajeno, desde luego. Ese dólar y medio, acaso, nada cubre para un día, mucho menos para quince. Ella lo sabe. Y sabe las repercusiones sociales y académicas de ese «cobro» de ayer. Debe ser consciente que nadie trabaja por eso ni con eso mantiene su familia. Debe intuir que es la causa de la pérdida del talento humano en todos los sectores laborales de la universidad. También, inocultable, de la falta de dedicación a nuestras instituciones, porque los profesores, trabajadores y obreros necesitan otros trabajados alternos para vivir. ¿Se puede ocultar eso? ¿Dónde quedó la meritocracia si todos estamos en el mismo pozo séptico de la precariedad, donde nos arrojaron sin distingos? Un «temita» innegable. ¿Lo van a revisar antes del 1 de mayo, durante o después?
Por otra parte, no menos significativo, está el problema de las elecciones rectorales contenidas durante tantos años. La afectación en ese sentido pasa por la deslegitimación indudable de quienes valerosamente se mantienen en esos cargos, a pesar de lo excedidos en el tiempo de su elección -para quienes resultaron electos. Mientras hay otros entre designados y enquistados que no solo carecen de legitimidad de origen si no también de desempeño. Cómo es el caso de la Universidad Simón Bolívar. Designados, según la ley por 180 días para cubrir la vacante dejada por el rector fallecido, uno y otros puestos a juro, atropelladamente, sin razón valedera que lo justificara. Allí permanecen estorbando los deseos de la comunidad, contrariándola permanentemente, persiguiendo y acosando a todo el que pueden, porque de sienten guapos  y apoyados. De ninguna manera representan en nada a la comunidad de la USB. Cerrando puertas al diálogo y literalmente tirando puertas encima a la dirigencia profesoral, o echando con la seguridad de la institución del Consejo Directivo al representante sí electo de los trabajadores en ese cuerpo colegiado. Dejando morir académica y físicamente a la USB. ¿Se puede negar?
Se supone que estamos en un momento, aunque largo, para la apertura, el entendimiento, la conversación sincera en procura de acuerdos y avances sociales y políticos. Se supone, no más hasta ahora. Por eso, damos un margen para la credibilidad de las buenas intenciones, la buena fe que llaman, así sean el resultado obligatorio de una agresión contra lo insostenible hasta este año. En tal sentido, llamamos a la concordia, a la negociación indispensable para llegar a los cambios que urgen para resolver las angustiosos problemas. En ese espacio de supuesto entendimiento están las elecciones rectorales que harían en todas las demás -fuera de la UCV, donde sí pudieron elegir y ser elegidos- un descargo, con alivio inmenso, de la presión. En el caso de la USB también valdría una destitución por incompetencia o una solicitud de renuncia, si se quiere más suave. También la aceptaríamos gustosos. Un nuevo nombramiento temporal, que no exceda los 180 días legales, con un solo propósito: elecciones. Recogida así de las opiniones -derecho humano- de la comunidad electora. ¿Es mucho pedir, ministra?
Las universidades esperan una más adecuada atención de sus inmensos problemas que las acogotan a diario e impiden sus altos objetivos sociales, académicos, políticos, morales. La ristra de algunos están en el escritorio del ministerio, fueron desatendidos por los predecesores en el cargo. Esperamos de estos nuevos tiempos un acercamiento real, una atención real, una resolución real a esos problemas. Tapar el sucio con la alfombra sucia no puede ser la solución. Esperamos un encuentro con la ministra, una visita de la ministra y una mayor apertura al entendimiento; con cerrazones no parece despejado el camino. Por cierto, la universidad venezolana no es la UCV ni viceversa. Lo dice un ucevista que ama a sus universidades.

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