
«Creí ver todo el Cielo ante mí y al gran Dios mismo sentado en su trono, con su compañía de ángeles».
Eso habría dicho George Frideric Handel a uno de sus sirvientes tras terminar el «Aleluya», el coro que corona la segunda parte de «El Mesías», el oratorio que compuso en el verano de 1741 y que es mundialmente conocido por su poderoso contrapunto, sus fanfarrias de trompetas, sus repeticiones explosivas y sus crescendos que generan una sensación de apoteosis.
Por BBC
«No sé si estaba en mi cuerpo o fuera de él. ¡Solo Dios lo sabe!», añadió el músico en respuesta a los elogios que le hizo su socio en esta empresa, Charles Jennens, autor del libreto de la obra.
Estas palabras atribuidas al músico nacido en Halle (Alemania) en febrero de 1685 forman parte de los mitos que han rodeado «El Mesías» durante los últimos 285 años.
Algunos de ellos, junto con una prohibición hoy derogada, han contribuido a consolidar la fama de esta obra maestra, que se ha convertido en la banda sonora de la Semana Santa así como de la Navidad.
En tiempo récord
Handel, quien murió en el Reino Unido en 1759 tras pasar 49 años componiendo música para reyes y nobles, escribió en apenas 24 días —entre el 22 de agosto y el 12 de septiembre de 1741— las más de 250 páginas que conforman la partitura de «El Mesías».
Durante ese tiempo el músico apenas comió y durmió, según relata el escritor austríaco Stefan Zweig en su libro «Momentos estelares de la humanidad».
«Esto fue algo asombroso», afirmó a BBC Mundo Ruth Smith, investigadora independiente de la Universidad de Cambridge (Reino Unido).
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