
Cuando el viernes llegó a Langley, Virginia, la noticia de que Irán había derribado un avión militar estadounidense y dos oficiales de la Fuerza Aérea se habían eyectado en territorio enemigo, los principales oficiales de inteligencia de Estados Unidos entraron en acción.
Por Julian E. Barnes | The New York Times
Aunque el piloto del F-15E Strike Eagle fue rescatado con relativa rapidez, el ejército estadounidense no logró localizar al segundo miembro de la tripulación, un oficial de sistemas de armamento, lo que desencadenó una carrera urgente para encontrarlo antes de que lo hicieran las fuerzas iraníes.
La CIA, que tradicionalmente colabora en los esfuerzos por rescatar a los pilotos estadounidenses atrapados tras las líneas enemigas, desarrolló un plan de engaño para ganar tiempo y encontrar al aviador manteniendo a los iraníes alejados del lugar donde podría estar, según un alto funcionario del gobierno. El funcionario y otras personas hablaron bajo condición de anonimato para referirse a una operación de rescate delicada y a la recopilación de información de inteligencia.
Aunque en un principio los funcionarios estadounidenses no sabían exactamente dónde se encontraba el oficial de armamento, sabían que se había movido del lugar donde su asiento eyectable había golpeado el suelo. También sabían que estaba herido, lo que aumentaba la urgencia de la búsqueda.
Si bien no está claro en qué consistía exactamente el plan de engaño ni hasta qué punto tuvo éxito, la campaña de la CIA pretendía hacer correr la voz en Irán de que se había encontrado al aviador y de que estaba saliendo del país en un convoy terrestre. La esperanza era que los iraníes desplazaran sus esfuerzos de búsqueda del lugar donde se creía que estaba el aviador a las carreteras de salida de la región.
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