El dictador y su coartada
La dictadura ha vuelto a refugiarse en los principios de soberanía y autodeterminación de los pueblos. Con ese argumento pretende justificar sus abusos y pedir apoyo frente a la comunidad internacional, que le exige respeto al derecho de gentes y a las normas universales de la democracia. Maduro y su camarilla se esconden en el burladero de ese manoseado concepto para despertar lástima y obtener respaldo frente a cualquier acción que amenace su ya prolongada permanencia en el poder.
Un discurso cínico
El pasado viernes, en Miraflores, el tirano reunió a cómplices de sus crímenes de lesa humanidad y proclamó: “Estamos reunidos todos los sectores políticos, sociales y culturales para expresar y ratificar la indeclinable decisión de defender la soberanía de la República, para defender la paz, el derecho del pueblo a vivir para siempre independiente y soberano”.
A esas palabras le calza a la perfección el viejo adagio popular: “dime de qué presumes y te diré de qué careces
El verdadero atentado a la soberanía
¿Cómo puede hablar de soberanía quien dio un golpe de Estado contra lo más sagrado de la República: la soberanía popular? Maduro se apropió de todos los poderes del Estado, violó la Constitución y desconoció a la Asamblea Nacional electa en 2015. Culminó esa trayectoria con el monumental fraude electoral del 28 de julio de 2024, prueba irrefutable de su desprecio por la voluntad del pueblo. ¿De qué soberanía habla, si lo único que hace es burlar la autonomía y la autodeterminación de los venezolanos
Territorio entregado
Si entendemos la soberanía también como la capacidad de un Estado para ejercer control legítimo sobre su territorio, el caso de Maduro es aún más revelador. El chavismo ha entregado regiones enteras a la guerrilla colombiana, y ha cedido espacios de decisión a potencias extranjeras como Cuba, Rusia y China. La lucha de los venezolanos es, precisamente, rescatar la soberanía popular y el control pleno del territorio nacional para restablecer el Estado de derecho confiscado por la dictadura.
Violencia disfrazada de paz
Maduro no defiende la paz: la encarna como violencia. Su carrera política está marcada por el uso de la fuerza. Formado en la escuela cubana de Fidel Castro, aprendió a imponer discurso y autoridad mediante represión.
No en vano su mentor, Hugo Chávez, repetía: “somos una revolución pacífica, pero armada”. Esa frase revela la doble moral del comunismo tropical: hablar de paz mientras se organizan escuadrones de la muerte.
Colectivos y escuadrones
Desde la llegada del “socialismo del siglo XXI” vimos esta violencia en acción. Primero fueron los “círculos bolivarianos”. Luego los “colectivos”, hoy transformados en escuadrones de la muerte que asesinan a ciudadanos por ejercer sus derechos a protestar y participar políticamente. A ello se suma la alianza con la guerrilla colombiana, que ha convertido a nuestro territorio en su principal plataforma para el narcotráfico.
Una lucha de liberación
Los venezolanos de bien somos víctimas de esa camarilla criminal que usurpó el poder y secuestró a la nación. Liberar a Venezuela es un deber moral y político de todos los que la amamos y soñamos con una patria democrática, pacífica y próspera. No se trata de otra disputa, que la de devolverle a nuestro país su verdadera independencia y la primacía de la voluntad soberana de sus ciudadanos. En esta batalla de liberación agradecemos el apoyo moral y material de los países hermanos que creen en la paz y en la democracia.
Lunes, 25 de agosto de 2025