Caracas respira distinto esta noche. La Concha Acústica de Bello Monte deja de ser solo un escenario: se convierte en ciudad. Una ciudad iluminada por luces blancas y verdes, por gritos que resuenan como fuegos artificiales, por celulares que parpadean como ventanas encendidas. Es miércoles 13 de agosto y los venezolanos Alleh y Yorghaki emergen del suelo de la tarima como si salieran del mismísimo corazón de esta urbe única.

—¡Caracas! —grita Alleh a todo pulmón, y la multitud responde como un coro unánime. Arranca “La ciudad” y con ella un merenguetón que desata bailes, saltos y cantos al unísono. El “Capítulo El Sueño” de La Ciudad World Tour 2025 está en marcha, y cada asistente lo vive como si fuera la primera y la última vez.

Cusica marca así su regreso a los conciertos, y lo hace por la puerta grande: dos fechas en Caracas agotadas en tiempo récord, el 13 y el 14 de agosto, más Barquisimeto (Lara) y Lechería (Anzoátegui) a la vuelta de la esquina, el 21 y 26 respectivamente. Para asistir al concierto, las entradas se pelearon como reliquias antes de que se agotaran; quienes las consiguieron, llegaron a la Concha dispuestos a lucir la merch oficial en camisetas como credenciales de pertenencia, un premio por haberse hecho con un puesto para disfrutar de esta experiencia.


Entre luces, comida y recuerdos: un abanico de entretenimiento
No todos vienen solo a escuchar. Algunos llegan a reencontrarse con amigos, otros en pareja, otros por la necesidad de cantar a todo pulmón. Cusica lo sabe y ofrece un menú de experiencias: perfumarse en el stand de Rabanne, tomarse fotos impresas gracias a Movistar, Malportada o Zulia, saborear shawarmas desde $7,99 y $21, hamburguesas o tequeños desde $6 y $7 mientras se espera el show. La bebida también fluye: cervezas desde $2,7, sangrías por $3 y agua fría en $1,7.


Disfrutar de estos pequeños rituales ya es tradición antes de vivir ese gran momento colectivo que pondrá a bailar a un público ansioso por el regreso de los espacios de Cusica, esos que no solo acercan a la gente a sus artistas favoritos, sino que también regalan instantes para redescubrir la ciudad, disfrutar de sus rincones y compartir con otros.
Todos estaban allí por la misma razón: ver a Alleh y Yorghaki, cantar, bailar y vivir una noche memorable.


Un sueño cumplido y la ciudad explota
A las 7:30 pm, Gus toma el escenario. Es Gustavo Ortega, cantante y productor valenciano, amigo de la infancia de Alleh y Yorghaki. Su historia nace en las calles de Valencia (Carabobo) y esta noche vuelve a encontrarse con ellos sobre la tarima. “Negra” inaugura su repertorio, seguido de “Eterno resplandor” y un guiño atrevido al público: “Caracas, hagamos el amor”, para entrarle a su tercer tema. El calor del público lo sacude, y él responde con “Cardenal Cisneros”, “Octubre en NY”, “Una luz” y un cierre contagioso con “Pa’que te rías”.


Son las 8:30 pm. María Victoria, quien primero apostaba por ir al show de Lechería y peleó dos veces por entradas, espera la canción “Ultravioleta” como quien espera un reencuentro. Esta noche solo quiere dejarse llevar por la sorpresa. “Espero que Alleh y Yorghaki me sorprendan, porque la evolución que han tenido como artistas ha sido impresionante”, cuenta para El Diario.

La tarima se abre, los focos apuntan, y Alleh y Yorghaki aparecen. Gritos. Saltos. Gus se une para “La ciudad” y luego “La radio”, con juegos de luces y pirotecnia que sincronizan con el ritmo y los latidos colectivos.

“Esta noche será increíble, llena de emociones, para bailar, llorar y gritar sin que nadie nos diga nada”, promete Alleh. Y así ocurre. Con “Eros” y “Dejavú” se mueven hasta a quienes no se saben la letra, mientras “Ultravioleta” enciende flashes como constelaciones y “Me late” se convierte en himno de los enamorados.

Entonces llega un instante que baja el pulso y lo concentra. Yorghaki se recuesta con su guitarra, Alleh se sienta a su lado y “Tranqui, te puedes enamorar” se desliza suave, como si la estuvieran cantando solo para un puñado de amigos en una sala pequeña. Las voces acarician el aire y el bullicio se recoge. Pero no dura mucho: “El ingeniero” y “La culpa” devuelven la temperatura al punto de ebullición, y la Concha tiembla de nuevo.

Humberto y Albani, fanáticos declarados, gritan cada verso. Contaron para El Diario que se ganaron su lugar en esta noche después de largas jornadas para conseguir entradas. Y ahora, con “Capaz” y “Una noche”, los escalones de la Concha Acústica retumban mientras el confeti cae como lluvia luminosa.

Poco a poco, la ciudad inventada para esta noche comienza a desvanecerse. Sin embargo, todos lo saben: mañana, o la próxima vez que estos acordes vuelvan a sonar, se levantará de nuevo, idéntica y distinta, para que ellos puedan habitarla otra vez y Caracas se pueda reencontrar con una experiencia única.
La entrada Caracas vibró al ritmo de La ciudad de Alleh y Yorghaki se publicó primero en El Diario.