
El silencio y aislamiento de una comunidad cerrada, bajo resguardo de barreras y garitas, parecen proteger de cualquier violencia que venga de afuera a las familias que habitan en este ramal que sirve de colofón a la extensa calle Simón Planas, en Colinas de Santa Mónica. Aunque resulta que la violencia siempre estuvo dentro.
A primera vista, una de sus casas luce similar a las adyacentes quintas típicas de este sector de la urbanización, situada en el suroeste de Caracas, cerca de los empinados linderos entre los municipios Libertador y Baruta. Alguna vez en el inmueble hubo vida familiar. Se hicieron hallacas, corrieron niños en su patio, con cordialidad se recibieron visitas.
A dos casas se encuentra el Salumificio Il Visconti, un restaurante y fábrica de embutidos artesanales, preparados según la tradición italiana. Funciona desde 2010. La casa que le sirve de sede yace sobre una cornisa del cerro, un mirador que ofrece vistas sublimes de El Ávila y del oeste del valle de la capital venezolana. El local solo atiende en las noches, aprovechando el escenario y el panorama que se observa desde sus terrazas, propicias para contemplar la puesta del sol en una cena romántica con música en vivo. También se celebran bodas, cumpleaños, navidades y brindis corporativos.
Sin embargo, diversas señales empiezan luego a sugerir que nada normal ocurre en la quinta La Arenosa; en cambio, sí algo ominoso. La distinguen altos muros de piedra, cercado eléctrico, paredes reforzadas con ladrillos y cámaras de vigilancia dispuestas en ángulos cruzados, entre otros signos de acuartelamiento.
Los indicios no mienten. Hasta hace poco en la quinta funcionaba un centro clandestino del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin, policía política), donde sus agentes escondían y torturaban a activistas de oposición secuestrados. Armando.info confirmó al menos siete casos de víctimas de detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas, detenidas después del fraude electoral que Nicolás Maduro perpetró en julio de 2024, que fueron objeto de maltratos y tormentos entre sus paredes.
En algún momento, todas las víctimas fueron trasladadas -varias de ellas inmovilizadas por un dispositivo que agentes y prisioneros apodaban El pulpo, pues ata manos y piernas a la vez- desde El Helicoide, el hasta hace poco siniestro reclusorio que también se ?d?ivisa desde las terrazas de Il Visconti.
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