miércoles 8 de abril 2026
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Abraham Sequeda: Gestión resolutiva a través del “micropacto” operativo

El enfoque que se presenta a continuación surge del análisis de las situaciones que se perpetuaron en el país, derivando en la actual y calamitosa realidad nacional. Cuando una acción de fuerza logra cercenar el elemento de poder que representaba lo peor de nuestra conducta pública, queda al descubierto una urgencia: la recomposición de la capilaridad entre el Estado y el ciudadano debe ser inmediata.

Durante décadas, la regla ha sido el quebrantamiento de la voluntad del orden y el irrespeto hacia el entorno. Las instituciones fueron reducidas a herramientas para el estancamiento, forzando a la población a utilizar canales irregulares y aplastando al individuo, hasta el punto de que solo las aptitudes más precarias (consecuencia de la necesidad y la falta de cultura cívica) pudieron prosperar.
Ante esto, el plan de estrategias itinerantes trasciende el «macropacto» político o económico para dirigirse al «micropacto» operativo. Aquí, la legitimidad no emana solo del voto, sino de la capacidad de respuesta en todos los terrenos del desempeño ciudadano. Este procedimiento es viable y permitiría evitar el desgaste humano, eliminar plazos innecesarios y prevenir conflictos internos violentos.

Al establecer la eficiencia como nuevo principio democrático, esta gestión posiciona dicho plan como precursor de los cambios y la estabilización institucional. La esperanza pragmática reside en un ciudadano profesional que no espera promesas, sino que ejerce su libertad accionando en procesos particulares, bajo una estructura de cuadrilla, o mejor dicho, de Unidad de Acción Resolutiva (UAR), siendo en realidad constituida como equipo de alto desempeño.

Esta cooperación se articula con la autoridad renovada mediante un proceso electoral transparente e inminente. La UAR recorre las áreas asignadas en una acción itinerante que comprende tres etapas: 1) Adecentamiento, mediante auditorías y organización de recursos humanos y financieros; 2) Capacitación, mediante la profesionalización técnica y administrativa; y 3) Desarrollo, a través de la evaluación e incorporación de nuevos perfiles atraídos por incentivos, intercambio y reclutamiento.

Es fundamental comprender que la incorporación de nuevos actores locales en la UAR se realiza por el injerto de cuadros profesionales en ese territorio específico. Una vez consolidado el cambio, el equipo itinerante sigue su camino hacia el siguiente lugar planificado con necesidades reales similares, trazando trayectorias de eficiencia a lo largo de municipios o sectores vitales.

El micropacto asegura que los acuerdos de cumplimiento sean normas locales y tangibles, tanto en lo geográfico como en lo sectorial. Bajo este modelo, la mística del servicio público recupera su sentido práctico: ahora, la legitimidad de la nueva autoridad debe medirse en eficiencia técnica en salud, productividad educativa, vatios de luz o litros de agua.

Es un deber pasar de las ideologías de papel a la gerencia del bienestar. Si el servicio falla, el pacto se rompe; si el ciudadano no cumple con su parte, el servicio muere. La reconstrucción del país no vendrá de un gran discurso centralizado, sino de la suma de estas pequeñas victorias itinerantes que, paso a paso, producen personas íntegras y devuelven la dignidad a la vida cotidiana.

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